La experiencia es una cosa relativa V

by José Simián

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Por José Manuel Simián

Los lectores atentos de esta página recordarán que hace pocos días sugerimos que la elección de Sarah Palin como compañera de fórmula de John McCain —a todas luces apresurada e ineficaz a la hora de reforzar las debilidades del senador por Arizona (v.gr.: su manejo de la economía, su falta de conexión con los jóvenes)— parecía no servir otro propósito que confundir a la opinión pública.

A medida que pasan los días, esa sospecha comienza a adquirir color de certeza. A pesar de que muchos consideraron el discurso de Palin el tiro de gol de la Convención Republicana, lo cierto es que esta recién llegada al baile presidencial sigue siendo peón —con suerte alfil— de esta partida de ajedrez. Y su rol es el de permanecer en su mitad del tablero: de los cuatro políticos por los que podremos votar en noviembre, Palin es la única que no aparecerá mañana en los tradicionales programas políticos del domingo, escenario clave para demostrar sus cualidades. Que nunca lo haya hecho anteriormente, se da por descontado.

¿Cuál es su aporte, entonces, amén de ser una cara bonita, de agitar la mar con su energía inesperada, y de alinear las tropas de feministas despistadas y conservadores anti-aborto?

Dice Frank Rich en el New York Times:

“Esta elección no se trata tanto de los asuntos políticos" sino más bien de las imágenes de los candidatos, dijo el gerente de la campaña de McCain, Rick Davis, en una de las declaraciones más notables de la temporada. Cuando estaba por comenzar la convención republicana, creíamos que sabíamos a qué se refería: la estrategia de McCain se trata de destrozar a Obama. Pero la semana pasada dejó en claro que la campaña de McCain será igualmente despiadada cuando se trate de desviar la atención del deterioramiento de su propio candidato.

Lo más impresionante del discurso de aceptación de McCain fue que no tenía casi nada en común con la convención que lo precedió, inequívocamente de derechas. Sin dudas, lo que recibimos fue una repetición del McCain modelo 2000, hecho a partir de retazos del viejo repertorio [del político anti-élites que fue por entonces]. El tedio provocado fue casi seguramente intencional. El que asumamos que McCain es el mismo en 2008 juega en el mejor interés de su campaña.

Ése es el motivo por el cual la elección de Palin fue brillante en términos políticos, no porque ordenara las filas de la menguante base política religiosa de los republicanos. No hay nada que los estadounidenses amen más que el rostro de alguien famoso, y los comentaristas televisivos marcharon gustosos la semana pasada a proclamarla como  la nueva estrella. Palin es una distracción muy atractiva de lo que sucede con el candidato principal, aún cuando su estrellato emane de la causa misma que hace que ese candidato principal sea razón para que sintamos temor.

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