Rasguen vestiduras

by José Simián

Por José Manuel Simián

Me dormí escuchando los discursos de los Bush en la convención republicana. Especialmente cuando la primera dama le pasaba lista a los logros de su marido, me encontré en un lugar imaginario, uno donde las expectativas estaban tomando agua en el baño al final del pasillo escolar mientras seguíamos en clase.

080908_2008_p154_2 Entonces soñé que John McCain, vestido de Ricky Ricón, jugaba al Monopolio, solo y con cara de presumido, en la mansión de Jay Gatsby. Siete casas estaban esparcidas a un lado del tablero rodeaban un anillo de compromiso. En el lado opuesto del cartón campeaban letreros anunciando la venta o inminente remate de propiedades que, evidentemente, no eran las suyas. Su mujer se desplazaba como flotando tras la escalera de mármol, trayendo un par de viviendas más en una bandeja desde la cocina.

Entonces la opinión pública le prendía fuego a la casa diciendo que todo era una burla inaceptable a los pobres, que la sátira tenía límites, que la gente podía creer que era cierto.

Al día siguiente, el John McCain real ganaba la elección presidencial.

Luego sacaba unos dados del bolsillo y preguntaba si alguien sabía jugar Ataque.

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