La experiencia es una cosa relativa III

by José Simián

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Por José Manuel Simián

Inteligentemente, Barack Obama llamó ayer a no meterse con el embarazo de la hija adolescente de Sarah Palin. No había otra alternativa: tal como dijo, los familiares debieran estar fuera del escrutinio de la política. No criticaremos aquí la conducta sexual de nadie que no pretenda erigirse en ejemplo moral, y un embarazo adolescente —además de ser una cosa totalmente ordinaria— nada dice de la capacidad de la gobernadora de Alaska como estadista.

Lo interesante de que nos llame la atención esta historia, sin embargo, es que, como sugirió esta mañana Bob Herbert en el New York Times, cada uno de los agujeros que presenta el currículum de Palin puede servir de distracción del fondo de la campaña presidencial: McCain versus Obama, la economía, la crisis energética, la guerra, el reestablecimiento del imperio de la ley.

Dejando a un lado lo que comienza a parecer obvio —que la elección de Palin fue impulsiva, sin investigar ni medir los peligros de su biografía— no sería absurdo suponer que, más allá de la evidente intención de captar el voto femenino (viudas de Hillary incluidas) y/o conservador, la decisión vicepresidencial de McCain pasó por la apuesta de que una figura no tradicional y que estaba siendo investigada por un escándalo telenovelesco, entre otras cosas, podría levantar polvareda sobre la recta final de Obama.

¿Será tan astuto McCain?

Dicho lo anterior, me tienta prometer que no escribiré más sobre las implicancias de la incorporación de la señora Palin a la carrera presidencial. Mas, como dijo un tipo que desde hoy es pieza de museo, es sólo rocanrol pero me gusta.

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