Un mensaje de texto entra a un bar

by José Simián

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Por José Manuel Simián

Dando por descontado que querían conseguir lo que tanta gente desea (nuestros números de teléfono celular, para comenzar), ¿qué otra motivación pudo haber detrás de la estrategia de Barack Obama de centrar la noticia del anuncio de su candidato a vicepresidente en el envío de un mensaje de texto que, al menos a mí, me llegó a las 4:21 de la mañana?

¿Demostrar que nadie más que él controla el ciclo noticioso y, con ello, que está listo para gobernar?

¿Atraer a los votantes borrachos, parranderos o insomnes?

¿Hacer que algunos periodistas lo odiaran por tener que permanecer despiertos durante el turno nocturno, o recibir un llamado a primera hora del sábado para tener que trabajar?

A mí me pareció una gigantesca broma.

Un mensaje de texto entra a un bar y le pregunta a los parroquianos si conocen esa historia de que Obama es el Anticristo, y eso de que si un dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el
ladrón, se mantendría despierto para no dejarlo forzar la entrada.

El mensaje de texto se ríe en medio de un silencio helado.

Vuela una botella.

En el Bible Belt todos duermen profundamente.

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