Chinito de amol

by juanmanuelbenitez

Spanishbasketballteam

Cuando te digo china china china del alma
tú me contestas chinito de amol
Cuando te digo chino chino chino del alma
tú me contestas chinita de amol

Chinita tú, chinito yo
Chinito tú, chinita yo
Y nuestlo amol así selá, siemple siemple igual

Miliki

Por Juan Manuel Benítez

Fue ver la foto y ponerme a cantar la canción. Una de tantas que le pusieron melodía a mi infancia española, que formaron el imaginario cultural de toda una generación, y que hoy chirrían en los oídos de esta nueva aldea global en la que vivimos.

Gaby, Fofó, Miliki, Fofito y Milikito fueron genios de la televisión en una España en la que los chinos hablaban con la "ele", papá conducía un auto nuevo y las niñas no podían jugar porque tenían que planchar, limpiar, lavar, coser, barrer, guisar y rezar (años más tarde, Los días de la semana fue adaptada a los nuevos tiempos). Tampoco olvidemos que cada mañana desayunábamos con un gran tazón de Cola Cao (lleno de energía y sabor), gracias al cacao cultivado por aquel negrito.

Si como tantos españoles hubiera visto la fotografía del equipo olímpico de baloncesto en las páginas del Marca quizá habría esbozado una sonrisa; pero da la casualidad que me la he encontrado esta mañana en la página tres del New York Post bajo el titular Olympic Eye Sore (olímpico dolor de ojo). Y la reacción es muy distinta.

Tuve que llegar a Estados Unidos para darme cuenta de que mi país es racista. Aunque lo neguemos, aunque no lo veamos. Hemos heredado conceptos de una España homogénea y aislada, y seguimos pensando que los judíos son tacaños y poco fiables, los negros huelen fuerte y los chinos (o sea, chinos, japoneses y coreanos) son todos iguales y peligrosos. Y no hace falta que escriba aquí el nombre que utlizamos para los sudamericanos (lo pongo en cursiva, porque nuestra definición de sudamericano va desde el Río Bravo a la Tierra de Fuego).

Olvidado en el fondo de nuestra psique ya flota gracias a la inmigración de los últimos años; y por mucho que nos tapemos los ojos, está en la superficie, como el racismo que siempre vimos de Estados Unidos.

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