El Número 44

by juanmanuelbenitez

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Por Juan Manuel Benítez

Le molestó ayer a William Kristol (comentarista conservador famoso por no acertar nunca en sus predicciones) que el editor jefe de internacional del semanario alemán Der Spiegel diera por sentado que Barack Obama será el próximo presidente de los Estados Unidos. "El número 44 ha hablado", titulaba Gerhard Spörl para susto de Kristol. "¿No tienen los estadounidenses algo que decir sobre esto en noviembre?", le preguntaba al alemán.

Puede que ambos tengan razón. Porque aunque aún falta el veredicto de las urnas de noviembre (que es el que cuenta), parece que el resto del mundo ya se ha decantado por este nuevo fenómeno de masas que es Obama.

No sólo tiene a los medios nacionales e internacionales embobados (como bien apunta John McCain), sino que es capaz de congregar a doscientas mil personas ante la Columna de la Victoria en Berlín para empaparles con esa brillante retórica en blanco sobre la que todos proyectan sus sueños y aspiraciones.

Como si de una estrella del rock se tratara (o de la NBA, porque encesta de tres a la primera), tiene reporteras groupies que le persiguen hasta el gimnasio para esnifarle la camiseta que, como no podía ser de otra manera, huele a flores. No le respetan ni el rezo: un estudiante robó el papelito que depositó en el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén el otro día, y su oración ya ha sido publicada en un diario israelí.

Hasta el primer ministro iraquí, Nuri al-Maliki, se ha rendido a sus encantos. Aunque sólo sea para ganar popularidad entre los suyos y de paso hacerle la puñeta al número 43, al-Maliki respaldó el plan de retirada de Obama en una entrevista con Der Spiegel días antes de su encuentro con el candidato demócrata. La Casa Blanca, que siempre se negó a hablar de fechas concretas, había aceptado unos días antes fijar con el gobierno iraquí un "horizonte de tiempo" (dejando a John McCain con el trasero al aire).

No es la primera vez que George W. Bush se ciñe al guión Obama: abandonando la política de aislamiento, Estados Unidos abrirá oficina diplomática en Teherán.

Y mientras tanto, el candidato republicano no se entera de nada. Los años -casi 72- le dan una experiencia innegable, además de dejarle con una prodigiosa mala memoria: no sólo confunde la cronología de eventos recientes en Irak, sino que además se hace un lío con el mapa. McCain se está viendo atropellado por el tren de la Historia y por la incapacidad de su operativo de campaña que, para contrarrestar el discurso de Obama en Berlín, le organizaba un deslucido acto en un restaurante alemán de Ohio.

Obama ya ha comenzado a llenar el vacío de poder dejado por una Casa Blanca en ruinas.

O sea, que sí. Que ya es presidente. O si no, rey. Con la bendición de la familia real estadounidense, los Kennedy.

Un rey a lo Elvis.

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