Las tres Nueva Yorks

by José Simián

Ebwhite3 Por José Manuel Simián

Tanto discutir toda la semana pasada sobre si el New Yorker era elitista (con su circulación base de un millón de ejemplares, uno por cada 300 estadounidenses, disiento), o los ciudadanos de este país oligofrénicos (claro que no), que encontrar en el Museo de Brooklyn una exposición "curada por la masa" fue un guiño del destino.

La ironía fue mayor cuando leí que Click! estaba inspirada en el libro The Wisdom of Crowds, escrito por un tal James Surowiecki, columnista de negocios y finanzas de ya se imaginan qué publicación. En él se afirma que un grupo de personas lo suficientemente diverso suele ser más sabio que un panel de expertos a la hora de tomar decisiones. (Sí, yo también pensé en la elección y reelección de George W. Bush, pero la idea de las masas tiene el encanto de lo prohibido, ¿no?).

Pero me desvío. Iba a lo de ver a Nueva York como una ciudad de élites versus populacho. Releía esta semana el magistral ensayo Here is New York, del legendario escritor E.B. White (foto), quizás la más famosa de las plumas del New Yorker y autor de un libro clave de estilo, entre otras joyas.

Y ahí estaba su famosa clasificación de los tres Nueva York; una brisa de inteligencia en medio de la tontera de nuestros días:

En términos generales, hay tres Nueva Yorks. Primero, está el Nueva York del hombre y la mujer que nacieron aquí, que dan la ciudad por sentada y aceptan su tamaño y su turbulencia como naturales e inevitables. Segundo, existe el Nueva York de quienes sólo vienen a la ciudad a trabajar por el día – la ciudad que es devorada cada jornada por langostas y escupida cada noche. Tercero, hay el Nueva York de la persona que nació en otro lugar y vino a Nueva York en búsqueda de algo. De estas tres ciudades oscilantes, la más grandiosa es la tercera – la ciudad del destino final, la que es un objetivo. Es esta tercera ciudad la responsable de la rabiosa energía de Nueva York, de su conducta poética, de su dedicación a las artes, y de sus incomparables logros. Los que vienen sólo a trabajar por el día le dan a la ciudad su energía de alta y baja marea; los que nacieron aquí le dan solidez y continuidad; pero los que la han elegido para echar raíces le dan su pasión.

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