Santo Barack

by juanmanuelbenitez

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Por Juan Manuel Benítez

“Se abrirán los cielos, la luz bajará, coros celestiales cantarán y todo el mundo sabrá que debemos hacer lo correcto, y el mundo será perfecto”.
Hillary Clinton, caricaturizando el discurso de Barack Obama en febrero.

Oremos

Me pondré de pie para escribir este post. ¿O creen ustedes que debo arrodillarme?

Cada vez que menciono a este santo varón me responden, critican o malinterpretan. El credo obamaníaco impone sin piedad el no tomarás el nombre de Barack en vano.

Y es que como parte de la intelligentsia mediática de Nueva York -capital mundial de los medios de comunicación, y fascinada con el personaje de Obama- tampoco encuentro hoy, por mucho que lo intento, razón para hablar de ese anodino candidato llamado John McCain.

"La fascinación de la industria de noticias con Obama ha contagiado a las revistas de interés general," dice el New York Times del jueves, "dándole considerablemente al candidato más portadas que a McCain en los últimos meses." En el mismo artículo, Beth Jacobson, portavoz de Wenner Media, dice que las ediciones de Rolling Stone y Us Weekly con Obama en primera página están entre las más vendidas del año.

Quizá por ello me atreví a pronosticar que la revista New Yorker batiría récords de ventas esta semana con su polémica portada. "En mi kiosco se ha agotado", me decía alguien el martes por la noche. "Las estamos vendiendo como pastelitos calientes", decía en el Daily News el miércoles la portavoz de los kioscos Hudson News.

Mi pronóstico iba acompañado de una crítica al editor de la revista por -en mi humilde opinión- faltar a la verdad. Cualquiera con un mínimo conocimiento de esta industria sabe que la portada de una publicación se elige para vender números. Y con ésta acertaron. La caricatura musulmán-terrorista de los Obama en el Despacho Oval funcionó cual despampanantes tetas. Claro que David Remnick quería generar un debate: el necesario para poner en marcha una maquinaria publicitaria gratuita en todos los medios, que nos lanzamos a debatir si la portada dañaba o ayudaba a Obama (y no a desmentir los rumores encarnados en la viñeta). De hecho mi taxista – sí, él otra vez… – piensa que los editores del New Yorker son supremacistas blancos.

La reacción de mi despistado chofer es la que me llevó a pensar que la viñeta -que encuentro brillante- dañaba más que ayudaba al demócrata. Sobre todo porque no hay semana que no me encuentre con alguien que me diga que no votará por Obama porque “no me fío de él”.

Los seguidores de este nuevo mesías (el periodista Chris Matthews llegó a decir que el movimiento Obama era como el Nuevo Testamento) se molestan cuando señalas con el dedo las inconsistencias de su líder. Aquellos que plantearon que con Obama cambiaban los tiempos y llegaba el fin del cinismo -mientras colocaban al senador a la derecha del padre Dylan-, miran ahora al New Yorker y al New York Times (biblias del progresismo intelectual) para que les confirmen que los Reyes Magos de Oriente no son papá y mamá.

No quieren despertar de un sueño que acabó con la primaria, demostrado pocas horas después de cantar victoria el 3 de junio con un discurso ante el lobby pro-Israel más poderoso del país.

Pero sus discípulos le dan la absolución por cualquier giro o cambio de postura, pecados veniales necesarios -dicen- para llegar al poder.

Podemos ir en paz.

(Demos gracias a Barack)

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