Personalidad múltiple

by juanmanuelbenitez

Por Juan Manuel Benítez, desde Los Angeles

Que no se me asusten los obamaníacos que el título de este post no va por el candidato demócrata. Hoy voy a hablar de actores. De los de verdad. De personalidad múltiple, no sólo clave en el ruedo político, sino más que necesaria para todo aquél que quiera ganarse una estrella en el cielo kitsch del Hollywood Boulevard angelino.

Meryl Streep la padece. Y que dios bendiga a su psicoanalista. Yo pensé que esta mujer, a sus casi sesenta años, ya había hecho de todo. Me equivoqué. Este domingo me colé en el auditorio del Sindicato de Actores (SAG) para ver el preestreno de Mamma Mía! (Diré que abandoné la intelectualidad en la puerta, para que nadie me tilde de populista, y dejé que una historieta simplona y un montón de canciones recocinadas de ABBA me hicieran pasar un buen rato). Nueve años después de hacer su debut en el Broadway neoyorquino, el musical Mamma Mia! pasa ahora por las manos de Hollywood y promete convertirse en éxito de taquilla veraniega. Y no sólo por la música pegadiza de los suecos setenteros, sino por la lección magistral de Meryl Streep, que demuestra -esta vez cantando y bailando- que una cincuentona de nariz chueca sigue siendo la reina de la pista de baile hollywoodiense.

Sin ayuda estética de ningún tipo, Streep se transforma hasta volverse irreconocible, e interpreta con una facilidad pasmosa un complicado rol que exige altas dotes de canto y baile. Yo sé poco de cine, pero según leo en el The Hollywood Reporter -publicación experta en estas cosas- la interpretación de Streep en esta película es una de sus más inteligentes y entretenidas.

Otro que parece también padecer de personalidad múltiple es mi amigo Gordon James, que en Outbursts (Arrebatos) se ha traído de Nueva York a la Costa Oeste a sus 17 poetas muertos, dándoles vida en un escenario enlutado. Con una simple tela roja multiusos va viajando de uno a otro, desgranando los diferentes espíritus que pululan por las calles y barrios de Nueva York.

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Es difícil no quedar impresionado por la cruda energía y pasión de este show“, dice Paul Birchall, crítico teatral del LA Weekly: un piropo nada desdeñable en la capital del celuloide, que normalmente trata al teatro con indiferencia.

Desde la vieja borracha que da la nota en el subway, hasta el amante despechado o la drag queen nocturna, pasando por el alto ejecutivo que no logra parar un taxi por ser negro, James les dibuja a los angelinos diferentes viñetas made in New York.

Una perspectiva multipersonal, una mezcla de diferentes personajes que estamos acostumbrados a palpar a diario en Nueva York, pero que en esta ciudad de grandes autos y barrios segregados suena más a ficción que a cotidiana realidad.

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