Café cortado

by José Simián

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Por José Manuel Simián

–Qué tal, viejo.

 

–Estoy triste, hermano. Me tiene muy decepcionado Obama. Tanto hablar de cambio y esperanza para contradecirse o virar al centro a la primera. Está desperfilándose completamente.

 

–No creo que sea importante. Lo de las platas es un asunto práctico y habría sido un pelotudo de dejar que los republicanos le ganaran la mano; y lo del control de las armas y la pena de muerte son dos temas en los que no puedes simplificar todo a un sí o no.

 

–¡Pero mira cómo lo defiendes! ¿Cuándo te volviste tan pragmático?

 

–Es que es cierto. Mira, con lo que le están dando esta semana. El tipo dijo que, contra su voluntad, iba a apoyar esta ley sobre el espionaje, la de FISA, porque era necesario, pero que una vez que estuviera en la Casa Blanca haría todo lo posible por eliminar la amnistía retroactiva que se está concediendo. ¿No es eso parte de gobernar, tener que ceder de vez en cuando y reconocer las limitaciones de los procesos? ¿No es puro realismo?

   

–Ah, pura mierda. Si prometes cambio, tienes que ser consecuente. Eso es igual que esa escena de Primary Colors, donde Travolta-Clinton le dice a su asistente que no importa lo que uno tenga que hacer para llegar al poder, que ahí es cuando se comienza a ayudar a la gente.

 

–Pero te me estás desviando. ¿Tú prefieres que hubiera votado en contra de ese proyecto de ley por una cosa de principios absolutos, aunque la nueva ley mejore la situación existente?

   

–Claro.

   

–Tú no entiendes nada. Ni siquiera sabes si el proyecto que dijo que va a aprobar mejora la situación existente, ¿no?

   

–Y tú estás obsesionado con Obama.

    

–Puede ser, pero a mí me parece que la prensa juega estos jueguitos idiotas de elevar a un candidato para luego aporrearlo. Todas estas críticas a Obama de que está cambiando de opinión son igual de culposas que todo ese lloriqueo de "¡Ay, traté tan mal a Hillary!" que les bajó después de que perdió las primarias.

    

–No, eso sí que no te lo puedo aguantar. Es el rol de la prensa ser objetivos y mostrar las contradicciones de los políticos y de nosotros mismos. Por mucho que me caiga bien, yo no trabajo para Obama.

   

–Yo creo que los periodistas nos sabemos tan cínicos, que en el fondo estamos festejando que Obama sea menos santo de lo que parecía. O sea, ¿en verdad alguien cree que se puede gobernar sin política? ¿Realmente los inocentes periodistas creyeron que, cuando Obama hablaba de todas esas cosas lindas, estaba prometiendo que iba a estar por sobre los partidos, las negociaciones, los consensos?

   

–Uy, parece que dormiste mal.

   

–¿Viste a Olberman anoche?

   

–No. No lo soporto.

   

–Pues debieras. Aparte que seguro que no entiendes lo de la famosa FISA. Yo creo se están dando un banquete con este asunto porque es una situación lose-lose: o Obama contradice su defensa de los derechos civiles y se está alineando con Bush, o los republicanos lo acusan de intransigente y de no tener cojones para defender la "seguridad". Son simplificaciones muy idiotas, igual que con lo de los fallos de la Corte Suprema, que a la gente le encanta reducir a dos ideas sin haberlos leído.

   

–¿Me explicas lo de la FISA, mejor?

   

Uf. Te cuento mañana.

   

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