Puro político

by juanmanuelbenitez

Obama

Por Juan Manuel Benítez

Ay… Obama, Obama… quién te ha visto y quién te ve.

La pena de muerte, las escuchas telefónicas ilegales y el control de armas fueron los temas de la semana y tú decidiste pasártelos por la derecha.

Ahora que ganaste las primarias se te antojó arrimarte al centro, por eso de que no te tachen de izquierdoso y pierdas las generales. Y donde dije digo, digo Diego; y nada es verdad ni mentira, todo depende de cómo se te dé el día. Apostaste tanto por el cambio, que al final tus simpatizantes van a ser víctimas de un cambiazo.

Tú que fuiste tan crítico con la pena de muerte, ahora rechazas el veredicto del Tribunal Supremo que considera inconstitucional aplicarla a los violadores de menores. Quizá quisiste evitar un momento Dukakis, aquel candidato demócrata que mató sus propias aspiraciones presidenciales en un debate televisivo cuando descartó la pena de muerte para un hipotético violador y asesino de su esposa. Estados Unidos no quiere flojitos en el Despacho Oval. Y menos aún en temas de seguridad nacional. Así que las escuchas ilegales del presidente George W. Bush ya no te parecen tan escandalosas y has votado por extenderlas.

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(Foto: Nikki Kahn/The Washington Post)

Completa el triplete la jugarreta que le hiciste a tu amigo Adrian Fenty, alcalde de la capital del país (y joven y negro como tú): el Tribunal Supremo ha dado al traste con su intención de ilegalizar la posesión de pistolas en Washington DC. A ti te pareció bien, guiñándole el ojo a los amantes de las armas de fuego, que en este país son legión.

“A los demócratas les importa poco”, dice Gail Collins, en su columna del sábado del The New York Times. “Quieren un ganador, y la mayoría de ellos está preparada para perdonar bastante inconsistencia con tal de tener uno”.

Hillary perdió las primarias porque muchos demócratas la veían como una candidata sin principios, dispuesta a decir lo que fuera para resultar elegida. Tú pareces haber tomado nota y te has convertido en su alumno aventajado.

Tu astucia camaleónica y tu calculada audacia te han convertido ya en el mejor político de tu generación. Y no lo digo como halago. Tu viaje al centro está desvirtuando tu campaña y corres el riesgo de perder a tus votantes.

Camelaste a muchos con tu musiquita de Bob Dylan. Y al final tu discurso suena a disco rayado. Porque como tú ya fueron muchos los que antes lo tocaron.

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