La Historia te será más justa

by juanmanuelbenitez

Hillaryout
(Foto: Ruth Fremson/The New York Times)

Por Juan Manuel Benítez

Querida Hillary,

Ahora que periodistas, analistas y comentaristas hemos tenido una semana para diseccionar con precisión y saña, desfachatez y algo de criterio, tu fallida -y a la vez exitosa- campaña presidencial, déjame que convierta estas líneas en mi particular acto de contrición.

Tu lugar en la Historia ya es innegable, por mucho que el gritón de Chris Matthews atribuyera tu éxito a la infidelidad de tu marido. Él, como muchos otros en esta profesión, se dejó la voz ensuciando tus méritos. Y es que por mucho que tú y otras os hayáis roto las uñas para tumbar los pesados muros del sexismo, al final nos hemos conformado todos con unos cuantos arañazos. Más o menos como los 18 millones de grietas que tus votos dejaron en ese simbólico techo de cristal: bonitos, pero insuficientes.

Te tratamos mal. Y punto. Te acusamos de fría y calculadora, de débil y llorona; macho y hembra, alfa y omega. ¿Para qué hablar de tus ideas si tus trajes de chaqueta nos daban mucho más juego en el ciclo chismoso de 24 horas de información? Por hablar, hablamos hasta de tu escote de señora de sesenta años.

Tu generación sacó un pie para ganarse un puesto fuera del hogar; pero el género masculino se resiste, y quiere conservaros honradas, en casa, y con la pata quebrada. Un tal Mark Rudov se atrevió a escupir en el estercolero de Fox News que "cuando Barack Obama habla, los hombres oyen ‘despega hacia el futuro’; cuando habla Hillary Clinton, los hombres oyen ‘saca la basura’".

Tuvo que ser otra mujer, pionera de los medios y maltratada por ellos, la que alzara la voz en tu defensa.

En un comentario de cierre esta semana, Katie Couric -la primera mujer en presentar en solitario las noticias de noche de una cadena de televisión nacional de este país- denunciaba "el continuo y aceptado rol del sexismo en la vida de Estados Unidos". "Muchas mujeres opinan", decía Couric, "que si Obama hubiera enfrentado el equivalente en racismo a pancartas como ‘plancha mi camisa’", entre otros ejemplos, "el escándalo no sería una nota a pie de página, sino portada de los periódicos. No es sólo Hillary Clinton la que tiene que aprender la lección de estas primarias, sino todos los que cruzaron la línea, y las mujeres y hombres que no hicieron nada por evitarlo".

Espero que mis palabras limpien la culpa que me pueda corresponder, y a la vez sirvan de agradecimiento, ya que hoy yo también le puedo susurrar con orgullo a mi sobrina de ocho años aquella línea que tanto repetiste en tus discursos: "¿Ves? Tú también puedes llegar a ser lo que tú quieras".

Bueno. Casi.

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