La gran fantasía blanca

by juanmanuelbenitez

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Por Juan Manuel Benítez

Aún no es verano y Nueva York ya ha sufrido cuatro días de calor de ésos que hacen saltar los fusibles. Literalmente. Porque esta ciudad de la vanguardia y la modernidad, la capital del mundo, está siempre a una chispa de quedarse sin electricidad. Sólo hay una agencia más odiada que la Autoridad Metropolitana del Transporte, encargada del metro y los autobuses (eMe Te A, como cariñosamente la llamamos en español): la eléctrica Con Edison.

Pero me desvío. Porque yo aquí he venido a hablar de sexo; aunque también de electricidad. Y de los bajos fondos de la ciudad. Y de los altos. De la fantasía que vive en Downtown y de la que sobrevive Uptown.

Mientras en la gran pantalla cuatro blancas cuarentonas se pasean con poderío por las luminosas calles del Sur y Centro de Manhattan, los habitantes de Washington Heights gritan sobre las tablas de Broadway “we are powerless” (juego de palabras entre no tenemos poder y se ha ido la luz). Son la película –Sex and the City– y el musical –In the Heights– del momento. Ambos reflejan, con más o menos brillo, la realidad y la fantasía de esta isla.

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Y es que con sus luces, el teatral Times Square deslumbra a los turistas, como las chicas sex, que con sus hábitos de ficción televisiva, y ahora cinematográfica, han cambiado barrios, abarrotado pastelerías y cerrado más de un restaurante; pero Nueva York no es Times Square. Sobre todo porque de vez en cuando se va la luz. La realidad de esta ciudad es más oscura. Está llena de gente negra, marrón, color café, y un sinfín de términos para acercarnos a eso que no somos pero aspiramos a ser.

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Y Hollywood tomó nota y malmetió a la oscarizada Jennifer Hudson en la trama sexual. Y no porque de verdad quisiera dotar de algo de color a la versión cinematográfica de Sexo en la Ciudad -su pureza racial tan criticada durante sus años televisivos- sino más bien porque no le quedaba otra si quería venderle palomitas de maíz a la comunidad afroamericana. El personaje de Hudson está tan plagado de tópicos y estereotipos que se podían haber ahorrado el cortocircuito.

Sex and the City y In the Heights son dos piezas bien construidas que forman el complicado rompecabezas de Nueva York. Carrie, Miranda, Charlotte y Samantha representan los sueños y aspiraciones de las Ninas y Vanessas de In the Heights. Y mientras unas se dejan el plástico en los caros restaurantes del Meat Packing District, las otras no tienen ni cincuenta centavos para un café con leche. Un universo de mundos paralelos que raramente se cruzan.

En definitiva, Lin-Manuel Miranda es fiel a un Nueva York de muchos, mientras que Michael Patrick King lo es al de unos pocos.

Nueva York es una ciudad de contradicciones, pero sumamente democrática. Y es que a la hora de la verdad, gracias a Con Edison, cuando se va la luz, todos nos quedamos a oscuras.

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