Te digo una cosa: yo no me voy

by juanmanuelbenitez

23516483
(Foto: Doug Mills/The New York Times)

Por Juan Manuel Benítez

Es un escenario que ya no le pertenece, pero la chica soñadora Hillary Clinton -cual rabiosa Jennifer Holliday-, cantó anoche su particular And I’m Telling You I’m not Going (te estoy diciendo que no me voy). Lo hizo estratégicamente desde el gimnasio/sótano de la Universidad Baruch en Manhattan, donde cientos de reporteros enloquecíamos al ver que no funcionaban nuestras blackberrys (algún día le escribiré una oda a la que se ha convertido en mi imprescindible apéndice tecnológico). Los medios tuvimos que recurrir a los clásicos teléfonos fijos. La campaña tampoco instaló esta vez pantallas gigantes, que normalmente transmiten los principales canales de noticias. El deseo de ralentizar -y controlar- el flujo informativo fue evidente.

Quiso robarse un protagonismo que no le correspondía, flotando en la tarde la idea de estar dispuesta a ser vicepresidenta de Obama. Utilizó a la congresista Nydia Velázquez como altavoz. La puertorriqueña, que representa en Washington a barrios de Manhattan y Brooklyn, me dijo haberle pedido telefónicamente que estuviera abierta a una eventual oferta de Obama para ayudarle con el electorado latino. Los Clinton intentaban opacar así el sprint final del de Illinois hacia la meta, que se completó en cuanto cerraron los colegios electorales de Dakota del Sur.

La pregunta es ésta: ¿tendrán sus dieciocho millones de votos la fuerza necesaria para ganarle ese pulso a Obama? Durante las próximas horas va a presionarle para que la lleve de copiloto a la Casa Blanca. Hillary es como esa invitada que se niega a abandonar tu fiesta hasta que no le des un buen pedacito del pastel.

Obamas

(Foto: Ozier Muhammad/The New York Times)

Barack y Michelle Obama viendo el discurso de Hillary Clinton por televisión.

Y Barack se resiste. Porque no quiere que el tan cacareado "boleto de ensueño" (dream ticket) se convierta en su peor pesadilla.

Advertisements