Decepcionante

by José Simián

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Por José Manuel Simián

Escribir sobre los defectos de la prensa neoyorquina en español puede transformarse en un vicio; uno que, como nos advertían allá a lo lejos sobre otros hábitos menos saludables, probablemente no conduzca a nada útil.

Y, sin embargo, todo tiene límites.

El Diario aloja en sus páginas de opinión a una serie de plumas que dicen poco y nada. Ya estamos acostumbrados a tolerar la falta de ideas; lo que no podemos dejar pasar es que se haga cualquier cosa con el español cuando se intenta educar o influenciar.

Encantada
A pesar de un titular sobre Hillary Clinton, a quien se le atribuía estar "encantada" por algo que desconocemos, esta mañana no me había atragantado hasta que leí que la columna Chris Canavan ("un economista radicado en Nueva York" que escribe Sentido Común). El mamarracho publicado a propósito del escándalo desatado por el libro del ex vocero de la Casa Blanca Scott McClellan se titulaba "El presidente decepcionista".

¿Decepcionista? ¿Así como "bromista", pero causando decepción?

¿De dónde sacan estas palabras? A veces podemos jugar con el lenguaje e inventar términos. El problema es cuando el que lo hace no tiene idea de español.

Suponemos que a lo que el columnista se refería era a alguien que engaña, que en inglés crea una "deception", una farsa. Eso es, después de todo, de lo que McClellan acusó a Bush, es decir, de crear la apariencia de que era necesario ir a guerra con Iraq. "Decepcionar", significa todo lo contrario: no estar a la altura de las expectativas creadas. (Cuando dos palabras suenan parecidas en distintos idiomas pero significan cosas distintas, como en este caso, son "falsos amigos").

En otras palabras, Bush engañó; el señor Canavan (y El Diario, imprimiendo sus palabras) nos han decepcionado. A veces el sentido común no basta.

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