Adiós, amigos

by juanmanuelbenitez

Hillary_2

Por Juan Manuel Benítez, desde Caguas, Puerto Rico

Tiene un sabor de agridulce despedida este fin de semana boricua de Hillary Clinton. Vino a bañarse en un mar de salsa y reggaetón que no baila al ritmo que tenía marcado. En la Isla del Encanto se la quiere. Se ha ganado el cariño a pulso, estrechando manos y dando la cara. Y se quiere ir con la cabeza bien alta.

"Si Hillary no logra la candidatura, ¿votarán ustedes por Barack Obama?, le pregunto a un grupo de simpatizantes gritones. "¡Noooooo! ¡Nuncaaaa!", responden al unísono. Como si de verdad tuvieran esa posibilidad… Son ironías del destino que los puertorriqueños puedan enviar 63 delegados a la convención demócrata, mientras tienen negado el derecho al voto. En un discurso de diez minutos, en la Plaza de la Dársena de San Juan (tras un retraso de dos horas), Hillary les promete que podrán reelegirla si llega a la Casa Blanca. También solucionará el problema del estatus, dice. Y muchos asienten, en la multitud que mezcla a estadistas, independentistas y los que quieren quedarse como están.

Más o menos así quedarán las cosas después de la primarias de mañana: como están. Porque será difícil que el Comité de Reglamento del Partido Demócrata le conceda esta tarde-noche la trampa de contar los votos de los rebeldes Michigan y Florida, única esperanza para llegar a la convención de Denver y librar una última sangrienta batalla con Obama.

De todos modos, ella ganará aquí. Y al terminar este discurso en un centro hospitalario de Caguas, se montará en una caravana que la lleve por siete pueblos de esta isla.

Y desde lo alto del camión, con la mano, nos dirá adiós.

Advertisements