Zeitgeist inocente

by José Simián

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Por José Manuel Simián

Según el abstracto artículo de portada del Observer de esta semana, así están las cosas: Hillary Clinton perdió la nominación demócrata en parte por no conectar con la sensibilidad Twee, la de los jóvenes que optaron por una estética inocente que simboliza (y probalemente constituye la cima) de su idealismo.

Oíd la música de Belle & Sebastian. Mirad a los  Arcade Fire despertando a los niños de un pueblo somnoliento con su música hamelinesca. Pensad en quienes, como Gwyneth Paltrow y su melancólico marido cantante, pueden bautizar a una hija Apple.

Gpaltrow_2vLa tesis del artículo de Tom McGeveran es que este año esos lánguidos jovenzuelos estarían dejando que sus tazas de té se enfríen sobre sus mesas de café para salir a pelear. Y la gran (y frívola) metáfora sería la conversión de la angelical y otrora pastoril Paltrow en una vampiresa de minifaldas invisibles y tacos de dominatrix. La actriz que antes rehuía de las alfombras rojas y la tontera de Hollywood hoy viene a tomar el mundo del cine por el mango. (Otra notificación de la fecha de vencimiento de la frivolidad de Madonna). Y en política, la causa sería por ya saben quién.

Pero todo lo que realmente importa del artículo está en una frase que captura mejor el zeitgeist de estos días que un par de miles de palabras de análisis político:

[Estos jóvenes] son el segundo gran grupo de la demografía de Obama, la elite que es el blanco de ataque implícito de cuando Hillary Clinton se dirige a los "estadounidenses que trabajan duro, los estadounidenses blancos": personas con educación universitaria, jóvenes, principalmente blancos. Son los "soccer moms" de esta primaria: un grupo de gente con una estética política—porque se trata más de una estética que de un conjunto de creencias—que de improviso, sorprendentemente, calzan perfecto con un candidato en particular. Y ese candidato no fue Hillary Clinton.

"Una estética política más que un conjunto de creencias".

Leo esa frase y me hace estremecer una y otra vez, juicio implacable de la precariedad de los tiempos que vivimos.

Y sin embargo, si lo pensamos bien, ni los estéticos Obama, Paltrow o Arcade Fire son en verdad tan inocentes.

Se hacen porque pueden.

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