La larga espera

by juanmanuelbenitez

Por Juan Manuel Benítez

Juguetea, pero no suelta prenda: John Edwards se resiste a dar su respaldo. Ni Obama ni Clinton, por el momento, aunque el martes pasado votó por uno de los dos en las primarias de Carolina del Norte y dice que esa persona será la que reciba su apoyo. Él mismo reconoce que el senador de Illinois será con toda probabilidad el candidato demócrata en noviembre. Entonces, ¿para qué esperar más?

Desde que abandonara la contienda a finales de enero, John Edwards ha aguardado pacientemente antes de decantarse por uno de sus ex-contrincantes. Perdió por segunda vez las primarias, pero cada día está más cerca de otra victoria: repetir de número dos.

Desde la grada continúa observando las patadas en la espinilla que le propina a diario Clinton a Obama con el malvado argumento de que el afroamericano no es capaz de captar la atención de los blancos de clase trabajadora ni de los blancos sin título universitario. Hillary quiere jugar la prórroga, aunque el partido esté ya lejos del empate. Sólo necesita -piensa ella- unos minutos más para seguir dividiendo al electorado y convertirse en pieza imprescindible que complete el ying-yang electoral. La Casa Blanca bien vale ocho años más de espera a la sombra de Obama.

Y mientras ella sueña con un puesto en el “dream ticket” (fórmula de ensueño), Edwards se convierte en su mayor pesadilla. Porque para apaciguar los temores del hombre blanco, qué mejor que otro hombre blanco.

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