El ciclo de la vida

by José Simián

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Por José Manuel  Simián

La idea aparece no sólo en el psicoanálisis, sino (primero, claro está) en la tragedia griega,  los cuentos de hadas, la teoría literaria y una canción de cuyo nombre prefiero no acordarme: el hijo debe matar al padre para convertirse en hombre y alcanzar su destino.

Hace poco, la lúcida Maureen Dowd del New York Times trajo el asunto a colación a propósito de la compleja relación entre Barack Obama y el pastor Jeremiah Wright. Según Dowd, en su rol del joven de la película, Obama debió enterarse que era inevitable partir aguas con su "padre" espiritual mucho antes de que éste lo pidiera a gritos:

El senador por Illinois parece no prestarle atención a la naturaleza mítica de las campañas. De hacerlo, reconocería la narrativa del mito del héroe clásico: el joven héroe emprende una aventura para buscar un pelaje dorado o una Oficina Oval; tiene que acabar con monstruos y superar obstáculos antes de regresar a casa, derrocar a su padre y asumir el trono.

Leyendo el mismo periódico esta mañana, parecía que al progenitor al que Obama tuvo que matar no fue en verdad Wright, sino su padre (y monstruo de dos cabezas) Clinton, que era presidente y había moldeado el Partido Demócrata con el que Obama se convirtió en legislador en 1997; el mismo que una vez fuera de la Casa Blanca volvió como senadora Clinton por Nueva York y se conservaba como la fuerza más influyente de la tienda del burro, legislando en Washington y extendiendo su fama por el mundo como ex presidente Clinton y estrella de rock. El que ahora daba su batalla final defendiendo el reino que había construido – tal como escuchamos una y otra vez en su propio cuento de hadas – de la nada.

La noticia es que en el palacio hay cambio de guardia: si Obama llega a la Casa Blanca, dice un ex senador y ex candidato presidencial consultado por la nota, al menos la mitad de sus ministros y altos funcionarios serían personas que nunca han trabajado en Washington.

Desde esta perspectiva no debiera sorprender la división generacional que se ha marcado en esta campaña (hoy, la insuperable Gail Collins decía que la mayor parte de quienes votaron por Clinton no se quedarán en sus casas en noviembre como han amenazado, porque los ancianos nunca fallan en salir a las urnas), ni tampoco que el único que se atreviera a augurar que, aunque gane la nominación, Obama perderá en noviembre fuese el ex congresista y alcalde neoyorquino Ed Koch, de 84 años. (Cuando el castillo está en llamas, cerca del rey siempre muere también un octogenario que se ha amparado al frescor de su sombra).

Es 2008: el rey ha muerto.

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