Pequeño Brooklyn Ilustrado

by José Simián

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Por José Manuel Simián

Quizás porque su nombre esconde la palabra "libro" en inglés, el condado de Brooklyn me pareció misterioso y salvaje desde la primera vez que me aventuré en él, muchos años antes de que pensara tener domicilio en sus calles. Desde fuera de Estados Unidos, donde uno sólo puede apreciar el mito de la gran ciudad como un espejismo, las referencias a esta ribera izquierda del capitalista Manhattan eran más bien pocas, consumidas por la prepotencia de las postales de la isla de enfrente.

Años más tarde, cuando llegué, ahí estaba Brooklyn, abierto como un texto entrañable: los barrios de casas de ladrillo y de pocos pisos y el acento callejero de quienes crecieron sentados en sus escalinatas, la vida varias revoluciones por minuto más abajo que al otro lado del río, y Coney Island allá al final, como una promesa eternamente rota. Y, claro, libros y escritores.

Un Walt Whitman joven escribiendo poemas, trabajando en una imprenta, editando el Brooklyn Eagle. Hart Crane haciéndole versos al puente antes de lanzarse a otras aguas. Una casa que albergaba a Richard Wright, W.H. Auden y Jane y Paul Bowles. Norman Mailer armando fiestas en su brownstone de Brooklyn Heights. Truman Capote atracando un tiempo en el barrio. Paul Auster buscándose a sí mismo y encontrándose varias veces en Park Slope. Paul Auster y la tienda de cigarros. Paul Auster y cualquier cosa. Jonathan Safrar Foer asociado con Nicole Krauss asociados con Park Slope. Jonathan Lethem entrándole por los palos a Auster en la carrera por ser el más Brooklyn de los Brooklyn.

Gente escribiendo en sus laptops en el Tea Lounge, en el Café Fix, en Naidre’s, en el Atlas Cafe. Gente desenfundando Moleskines como pistoleros famélicos. Gente tirando a la calle novelas, libros sobre lenguaje, manuales de actuación – todo en perfecto estado – que luego me llevo a la casa equilibrándolos sobre la bolsa del supermercado. Gente comprando en Freebird, en Book Court o incluso entre el polvo de la Community Bookstore. Gente tomando café como si fuera aire o una coartada para todo.

Y hace unos días, el literario y casi invisible New York Observer regalándonos con la ironía de rigor un mapa literario del condado, acompañado de una lista de 100 de sus protagonistas. Y tienen razón en el tono: como dice Colson Whitehead en el ensayo que parece haber inspirado la nota del Observer, escribir en Brooklyn es como hacerlo en cualquier otra parte, o "como escribir en Manhattan, pero sin tantos turistas caminando lentamente por delante tuyo cuando vas por café".

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Canción extra: Ex amante de Mailer vende los documentos emanados de su relación a Harvard.

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