No, she won’t

by José Simián

Por José Manuel SimiánBill_enojado

Se equivoca el colega Benítez.  Hillary Clinton no tiene la nominación "al alcance de la mano".

Descartando un escándalo sexual tipo Spitzer, o que descubran que era parte de la secta de Charles Manson, Barack Obama será el candidato demócrata a la presidencia. La razón principal está en el nombre del partido: demócrata. Si el senador por Illinois gana la carrera de las primarias por un delegado elegido y por un voto, es imposible que los superdelegados (reconozco que la idea de estos puestos no es precisamente muy democrática) vayan en contra de la voz popular.

¿O es que ocho años son suficientes para que se olviden de cuando George Bush resultó electo a pesar de perder el sufragio popular, y de que la Corte Suprema se pronunciara sobre los recuentos de la pantanosa Florida de manera dolorosa?

Y que quede claro que no estoy sugiriendo que la senadora Clinton se retire (o que, como propuso inapropiadamente Keith Olbermann, "alguien la lleve a conversar a una habitación y sólo uno salga de ella"). La candidata tiene todo el derecho del mundo a gastar más de su tiempo y el nuestro, su dinero y el de sus contribuyentes, para mantener viva esta pelea. Así, precisamente, es la democracia. No es perfecta, pero las reglas del juego hay que respetarlas.

Pero vamos a los hechos:

  • Según el conteo del New York Times, en estos momentos, Barack Obama suma 1.721 delegados (entre los ganados mediante votos y superdelegados), versus 1.589 de Hillary Clinton, una ventaja de 132 delegados.
  • Obama cuenta con 238 superdelegados, frente a los 265 de Clinton.
  • Entre los superdelegados, 226 todavía no se han inclinado por ningún candidato.
  • Obama se ha impuesto en 27 elecciones, mientras que Clinton sólo en 17.
  • De aquí al 3 de junio quedan sólo 8 elecciones en el calendario demócrata (Guam, Indiana, Carolina del Norte, Kentucky, Oregon, Puerto Rico, Montana y Dakota del Sur), que reparten 380 delegados.
  • Los delegados en juego en las elecciones y los superdelegados indecisos suman 606.
  • Excluyendo las primarias de Florida y Michigan, que fueron castigadas por el Partido Demócrata y que no sientan delegados, Barack Obama le lleva a Hillary Clinton una ventaja estimada de medio millón de sufragios en el voto popular (14,4 millones sobre 13,9).

En resumen, si bien técnicamente hay 606 delegados en juego, y la ventaja de Obama es de sólo 132, es prácticamente imposible que en los delegados que cuentan, los electos, Clinton le arrebate el liderazgo. Recordemos aquí que en la primaria de Pennsylvania, donde Obama perdió por 10 puntos porcentuales, la diferencia en delegados se estrechó en apenas nueve. Y en las ocho primarias que quedan los resultados prometen estar para lado y lado, unas cuatro elecciones para cada uno.

Y con un delegado basta.

(Como decía antes, las reglas del juego están claras).

Ahora, vamos a los otros argumentos de los que se apresuran a sepultar a Obama (o, más timoratamente, a darle esperanzas a su rival).

Dicen que Clinton tiene más peso para ser la candidata demócrata porque ha ganado las primarias en estados "grandes" como California, Texas, Nueva York y Nueva Jersey. Como dijera lúcidamente Matt Taibbi en Rolling Stone el argumento es más bien el contrario. NY, California y NJ son estados "azules", que presumiblemente ganará el candidato demócrata, cualquiera sea su nombre. (Y Texas…) Además, estamos hablando, precisamente de elecciones primarias, lo que no quiere decir nada de lo que harán los votantes demócratas e independientes en noviembre.

Lo interesante (y aquí sigo el análisis de Taibbi), es que Obama se ha impuesto sobre Clinton en todas las elecciones que aceptaban a votantes independientes. Es decir, podemos asumir que tiene mayor atractivo que ella en los estados que el Partido Demócrata realmente disputa con el republicano. Y no sólo eso: la habría derrotado entre votantes independientes incluso en estados "azules" como su distrito de Nueva York.

Pasemos, entonces, al otro argumento de moda por estos días: que Obama tiene un problema porque no consigue "rematar" a Clinton. Perdón, pero, ¿de dónde sale esto? ¿De la boca de los mismos que dicen que la ex primera dama es una de las candidatas más duras de roer? ¿Están olvidando quién era el favorito del establishment demócrata al comenzar esta carrera, quiénes son Bill y Hillary Clinton, de qué magnitud ha sido el fenómeno de Obama para estar donde está? La que tiene el problema de no poder "cerrar el asunto" es Hillary Clinton, que comenzó esta campaña compitiendo prácticamente sola, y nunca ha logrado seguir el plan de vuelo que le tenían trazado. De hecho, no hay que ir más lejos que preguntarse por qué un tercio de los superdelegados no se ha plegado a su candidatura para zanjar la nominación en su favor.

Y si Obama está realmente en tantos aprietos, ¿por qué nadie habla de "momentum" para referirse al presente de Clinton? Suponemos que será porque no lo tiene, porque otras de las palabras de campaña siúticas, como "narrativa", no han desaparecido del mapa. El que Clinton esté intentando sumar los votos de las primarias de Florida y Michigan para atribuirse una falsa victoria en el voto popular es una jugada que sólo habla de su desesperación por conseguir crear esa sinergia inexistente.  (Una crítica a su "victoria popular fabricada", aquí).

Que sigan hablando, entonces, los analistas políticos. En algo tienen que entretenerse hasta que las matemáticas y la simple lógica de escuchar al pueblo se hagan ineludibles. Después de todo, intentar mantener la mar revuelta (o saltar de un barco a otro) es parte esencial del negocio del periodismo.

Advertisements