La élite y el populacho

by juanmanuelbenitez

Snob725671

Por Juan Manuel Benítez

“Damn it must really be a slow period”, se lamentaba mi amigo Mooney en un mensaje de texto desde Los Angeles el sábado por la noche. Ferviente defensor de Barack Obama, maldecía frustrado la falta de noticias importantes que había lanzado a los medios a revolcarse obscenamente en unos comentarios supuestamente elitistas del candidato presidencial. Ante un grupo de contribuyentes de campaña en San Francisco, Obama dijo el pasado 6 e abril, más o menos, que veía normal que en tiempos difíciles muchos estadounidenses de pueblo, amargados y decepcionados por diferentes gobiernos, se aferraran a la religión, las armas y las posturas anti-inmigrantes.

A primera vista, cualquier persona informada vería estas palabras como acertadas y sin importancia (¿o peco yo también de elitista?); pero para la hambrienta bestia mediática de 24 horas de info-entretenimiento son un suculento manjar de eructo e indigestión.

En dos semanas, el retrato de Obama en los medios ha pasado de peligroso miembro de los Panteras Negras (por asociación con la heterodoxa visión política de su ex-pastor Jeremiah Wright) a esnob desconocedor de la América rural.

Hasta hace poco estábamos viviendo una de las contiendas electorales más interesantes de la Historia de este país; y de la noche a la mañana, parece que hemos vuelto a la idiotez de siempre. En lugar de debatir qué hacer con los cientos de miles de estadounidenses que están perdiendo sus empleos por una economía en recesión y sus hogares por impago de hipotecas, o hablar de cómo terminar la desastrosa invasión de Iraq, los reporteros perdemos el tiempo preguntándole a Hillary Clinton cuándo sintió la presencia del Espíritu Santo (en el Foro de la Fe de CNN este domingo). Ella se siente como pez en el agua contestando este tipo de preguntas, “lanzando dardos y haciéndose la santa“, como titulaba su comentario ayer Alessandra Stanley en el The New York Times. Porque nada más empezar, la beata Hillary calificó las palabras de su contrincante como “elitistas, desinformadas y, francamente, condescendientes”. Horas antes había recordado cómo su padre le enseñó a disparar cuando aún era una niña. Ella es parte del pueblo. Y como muestra, este video, también de este fin de semana, de la senadora tomándose unas cervezas… y hasta un chupito de whiskey.

Los expertos opinan que sólo un descalabro monumental de Obama ante la opinión pública la pondría a tiro de disputarle a McCain la Casa Blanca en noviembre. Hillary necesita caricaturizar a Obama como peligroso y desconectado de las preocupaciones del americano medio. El problema es que si no es capaz de arrebatarle la primaria, sí conseguirá que llegue herido de muerte a las generales. Por el momento la estrategia está funcionando, gracias a la estupidez de los medios y al déficit de atención de la mayoría de electores.

Obama nos animó a soñar con la “audacia de la esperanza“; la realidad es que los votantes estadounidenses quieren a un candidato cercano, alguien con quien irse de copas. Pasó con George W. Bush, a pesar de su alcoholismo reconocido. Y llevamos ocho años de resaca.

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