El Judas hispano

by juanmanuelbenitez

22obama_lg
(Foto: Alex Brandon/Associated Press)

Por Juan Manuel Benítez

Aún ignoramos si hubo 30 monedas de plata de por medio, pero dicen que este jueves santo por la noche, mediante llamada telefónica, Bill Richardson besó la mejilla de Hillary Clinton, abandonándola en su particular huerto de los olivos. Richardson es poderoso apóstol del Partido Demócrata, parte de ese consejo de sabios/superdelegados que parecen destinados este año a elegir al mesías que les guíe a la Casa Blanca prometida.

La metáfora no me la invento yo. Ya me gustaría. Viene de una de las cabezas -calva, por cierto- más influyentes de la política nacional de los últimos años. Con su cara de malo, James Carville ha confeccionado las estrategias de los Clinton desde principios de los noventa. Ayer calificó de irónica traición el respaldo de Richardson a la candidatura presidencial de Barack Obama en plena Semana Santa.

Muchos opinan que el gobernador de Nuevo México les debe a los Clinton. Fue Bill quien le nombró secretario de Energía y embajador ante las Naciones Unidas, importantes puestos para un currículum con el que se lanzó el año pasado a la contienda presidencial. Tiró la toalla tras distantes cuartos puestos en Iowa y New Hampshire. Y desde entonces ha sido cortejado por Obama y Clinton, con la esperanza de atraer el voto latino e influir en los superdelegados.

“Éste es un hombre que nos entiende y nos va a respetar”, dijo este viernes santo Richardson de Obama, al que clasificó como líder que aparece sólo una vez en la vida. Quedan pocos hispanos por votar en estas primarias, pero muchos superdelegados indecisos. Este respaldo llega en una semana en la que Obama ha sufrido su propio vía crucis en los medios, obsesionados por los sermones políticamente incorrectos de su pastor Jeremiah Wright.

Los enemigos de Obama ya no necesitan esparcir los falsos -e hirientes- rumores de que es musulmán (cuando Clinton fue preguntada sobre el caso, respondió que “el rumor no tiene fundamento”, añadiendo un sibilino, “que yo sepa”); la retórica de domingo de Wright espanta a los votantes blancos más que cualquier seguidor de Alá.

A veces me avergüenzo de mi profesión. En lugar de intentar digerir el discurso de alto nivel pronunciado por Obama este martes sobre relaciones raciales, titulado “Una Unión más perfecta“, las cadenas de noticias han preferido correr sin parar los jugosos cortes de 30 segundos de polémicos sermones de Wright, teólogo de izquierdas. Millones de estadounidenses han contemplado, por primera vez en sus vidas, la pasión que envuelve la liturgia afroamericana.

Poco ha cambiado este país desde que Martin Luther King Jr. pronunciara aquello de que “la hora de mayor segregación en la América Cristiana es las 11 de la mañana del domingo”. Obama la tomó prestada para “Una Unión más perfecta”, discurso que terminó por sacar a Richardson de su neutralidad.

A Hillary le han hecho la pascua.

Advertisements