Pasándole la prensa a Spitzer

by José Simián

Por José Manuel Simián

Una vez que el trabajo de fusilar a Spitzer lo ejecutó de un solo golpe el New York Times, vinieron las revistas semanales, lentas pero contundentes, a pisotear su cadáver.

Newyorker_spitz Como es costumbre, el New Yorker asesta un golpe certero con la elegancia de su portada. Ahí vemos la parte inferior de un Spitzer enchaquetado a quien, a falta de cabeza, reconocemos por los boxers con el escudo del estado. Como dicen por aquí: lo agarraron con los pantalones abajo. Aguzando la vista, vemos que está parado frente al murallón con medidas de una rueda de reconocimiento de detenidos. Es decir, próxima parada: la cana. Las más de las veces, la elegancia no necesita de palabras.

Ny_mag_spitz_2El trabajo realmente sucio lo hace, por su parte y con honores, la hermana díscola del New Yorker, la revista New York. En la portada, con una sencilla composición, nos dicen que el que pretendía ser el primer presidente judío de Estados Unidos tiene el cerebro entre las piernas. (¿Hubiese sido posible decirlo sin palabras?). Adentro, dos artículos-epitafio. El primero, una investigación sobre la marcada inclinación de Spitzer por lo escondido, quien gozaba más que nadie con los juegos de espía con que puso tras las rejas a la familia Gambino. En el segundo, una inmersión al mundo de la prostitución de lujo neoyorquina, aparecen dos joyas: la declaración del tipo que se jacta de haber iniciado a la querida del escándalo en el negocio en que, asegura, ésta era literalmente famosa por sus partes íntimas; y las palabras de otra experimentada ramera de los millonarios, quien supo "de inmediato que se trataba de un escándalo del Partido Demócrata porque, si hubiera sido del Republicano, se habría tratado de prostitutos".

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