Alta infidelidad

by juanmanuelbenitez

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(Foto: Nathaniel Brooks para The New York Times)

Por Juan Manuel Benítez

El apagafuegos de un concejal de cuarta división -que sin embargo tiene cargo rimbombante- vino a tantearme el otro día para averiguar si yo sabía de las aventuras extramaritales de su jefe. Ocurre que tiene puesto el ojo en otro cargo más elevado, y un lío de faldas podría ponerle freno a sus ya de por sí inalcanzables aspiraciones políticas. El subalterno incluso me pidió consejo sobre cómo actuar en caso de que la información salga a la luz. Yo le tranquilicé: "No me interesa esta historia en absoluto. Ahora," le dije, "como se entere el NY Post, prepárate, porque todos terminaremos cubriéndola". Poco nos imaginábamos ambos que una semana después iba a saltar un escándalo que convertía las vicisitudes del concejal en un juego de niños.

La tragedia griega de imparable ascenso y estrepitosa caída de Eliot Spitzer ha llenado periódicos y segmentos de radio y televisión durante más de una semana. El poderoso que cae -saltándose la ley-, arrastrado por las más bajas pasiones, es un plato demasiado suculento como para no ser devorado por el monstruo mediático. El problema viene cuando una vez terminado el inventario del botín, nos dedicamos al expolio sitemático del currículum amoroso de todo el que pasaba por allí.

¿A mí qué me importa si el nuevo gobernador David Paterson, enrabietado por la infidelidad de su esposa, aplacaba con unas u otras sus celos en un hotelucho de turistas de Manhattan? Con tal de que sus actividades estén dentro de la legalidad y no estén subvencionadas con nuestros impuestos, que siga haciéndolo cuantas veces quiera. Si ése ha tenido que ser el tema de su primera rueda de prensa como gobernador -ayer, junto a su esposa, en Albany-, que dios nos coja confesados.

En un día como hoy, quinto aniversario de la invasión estadounidense en Iraq, los tabloides neoyorquinos The New York Post y The Daily News abren sus portadas con fotos de "la(s) otra(s)". No importa que Paterson necesite sacar unos presupuestos antes del 1 de abril, en medio de una crisis económica. La "rosificación" de la información política llevó a decenas de reporteros ayer a indagar los nombres y apellidos de aquéllas que hicieron las delicias del nuevo gobernador en el Days Inn de Midtown, cuando aún era un simple gris legislador. Yo, para que no me salpicara, decidí tomarme el día libre. 

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Y mientras tanto, en pleno proceso de divorcio, los McGreevey continúan aireando sin pudor su pasado sexual, que ahora incluye historietas de tríos. Jim McGreevey fue el que dimitió de la gobernación de Nueva Jersey en el verano del 2004, inventándose aquello de que era “un gay americano” para opacar la realidad corrupta de su gobierno y desviar la atención del público.

A partir de ahora, los políticos no sólo van a tener que entregar sus declaraciones de impuestos y fondos y gastos de campaña. Si la cosa sigue así, tendrán también que listar todos sus devaneos. Y por favor, que no escatimen en detalles, que los demás tenemos que vender periódicos y rellenar segmentos de radio y televisión. ¡Qué asco!

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