El emperador no tiene quien le escriba

by José Simián

Por José Manuel Simián

Seguiremos escribiendo sobre la ruidosa caída de Eliot Spitzer por mucho tiempo, maravillados de que haya sido humano, tan humano, como para echar su vida por la borda a causa de los placeres de la carne. Después de todo, el morbo es una pulsión tan profunda como la sexual — primas, casi hermanas — y hay algo en mirar a este niño brillante derrumbarse en cámara lenta, una y otra vez, que nos hace preguntarnos qué sería de nuestras vidas si, tal como él, tuviéramos tanto éxito y dinero, y abriéramos la puerta a las fantasías más oscuras.

Pero nadie reconocería algo así en la prensa. El Cuarto Poder es otra cosa, un juego de fariseos en que los que escriben los titulares o le hablan a las cámaras flotan siempre en un éter de buenos tipos y santas madres, igual que Spitzer cuando como fiscal se dedicaba a cazar a las brujas de la prostitución y los falsos adivinos de Wall Street. Esto no es cosa nueva, claro está. Como lector, sin embargo, he lamentado en estos días de escándalo y vestiduras rotas que los cracks del papel impreso neoyorquino no hayan tenido más ingenio a la hora de encabezar los tabloides: algo así como un goleador que ante estadio lleno y arco vacío, decide resolver de puntete en vez de pararse sobre el césped y anotar de taquito.

Dn_pay_for_luv_2 Ahí están los titulares del Post y el Daily News en los días posteriores al escándalo: la rima fácil del Daily News con "PAY FOR LUV GOV" (martes 11); el juego de palabras de medio filo del post con "HO NO!" (mismo martes, equilibrándose a penas con esta abreviación callejera de "whore"); y luego otros jueguitos predecibles con la palabra "hooker" (prostituta) y su supuesta adicción "enganchada" ("hooked") a las profesionales del sexo.

Observer_emperor El caso es que parece que en el reino de la desgracia, es la gracia periodística la que escasea. Tuvo que aparecer el papel salmón del New York Observer el miércoles para finalmente anotar el otro gol cantado que el azar de este escándalo le había regalado a la prensa: "THE EMPEROR HAD NO CLOTHES" ("El emperador estaba desnudo") en portada, haciendo dupla con el rimbombante nombre de la red de prostución en que se enredó Spitzer; y adentro, poniéndole lujuriosamente otro encabezado al mismo artículo, "THE TOUCHABLE", peloteando con el sobrenombre de Eliot Ness de Los Intocables que se ganó el político cuando era fiscal, y que ahora que su carne (primero a disposición de sus pasiones) es entregada al circo, cae como prenda de stripper.

Pero no todo es decepción en la prensa. No debemos olvidar que este escándalo lo destapó primero el New York Times, que venía medio magullado de no haber probado del todo la veracidad y necesidad de los rumores que esparció sobre John McCain. Pero en este caso según nos cuenta en un emocionante relato el mismo Observer el trabajo de los reporteros de su sección metropolitana fue impecable y más sigiloso que el de los investigadores federales que podrían poner a Spitzer tras las rejas; el arco de vida de una noticia que comienza con apenas un indicio y termina haciendo estallar un lunes cualquiera a través de Internet.

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