La maquinaria de la esperanza

by José Simián

Por José Manuel Simián

Obama_rs Me lo dije varias veces: no renovarás tu suscripción a Rolling Stone, esa revista mediocre que no es lo que era, que pone a payasos como Maroon 5 o el pendejito de High School Musical en su portada. Me lo dije también durante mi receso paternal y después de las primarias de Ohio y Texas: escribirás un post diciendo que ya está bueno, que hagan con su nominación demócrata lo que quieran, que esto es el ridículo más grande y caro de la historia. Pero ahí apareció en mi buzón el último número de la decana, con Barack Obama en la portada.

Habría sido muchísimo más interesante que la publicación respaldara a Hillary Clinton. En un proceso de nominación demócrata que, pase lo que pase, se recordará por el regreso de la participación popular, especialmente universitaria, podría pensarse con cinismo que el respaldar a Obama por parte de Rolling Stone no es más que un truco para atraer lectores a una publicación con fecha de vencimiento. Pero las palabras de Jan Wenner, su legendario fundador y editor son completamente convincentes, y comienzan así:

Las mareas de la historia se están elevando cada vez más alto y más rápido por estos días. O las interpretas y navegas correctamente, o mueres aplastado. Entonces aparece Barack Obama, con el tipo de dones que en política no se manifiestan sino una vez cada par de generaciones. De él emana una sensación de dignidad, incluso majestad, pero por debajo yace una resuelta disciplina. No es sólo que sea elocuente — con esa habilidad tanto para hablarte como para hablar por ti — sino que su pensamiento y honestidad intelectual y emocional son de una calidad extraordinaria.

Lo más interesante, sin embargo, no es este respaldo al senador por Illinois, el primero que Rolling Stone le dedica a un candidato durante las primarias. El argumento más convincente para creer que Obama puede ser un presidente que cambie a Estados Unidos es el artículo "The Machinery of Hope", que cuenta cómo hizo para articular una campaña de movilización nacional sin precedentes. En ella destacan, según el texto de Tim Dickinson, (i) la convicción de que debía darse a los activistas la libertad para que estructuraran sus organizaciones de acuerdo a sus propios intereses y capacidades, y (ii) la astucia de combinar un sistema computacional tipo Facebook con políticas de vieja escuela como salir a tocar puertas y acarrear a los electores a las urnas.

Después de leer la nota, quedan flotando en el aire las dudas de si Hillary Clinton, incapaz de realizar un esfuerzo semejante, está tan lista para gobernar el país en el "día uno", como le gusta decir. Después de todo, como dice Joe Trippi (que organizó la campaña por Internet de Howard Dean en 2004), Clinton tiene razón en decir que puede no ser justo que Obama se haya quedado con distritos electorales que puedes ganar con sólo 10 votos. La verdadera pregunta es, para él, por qué la ex primera dama no fue capaz de movilizar a ese mismo número de votantes en los lugares más remotos de los Estados Unidos.

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