Un momento, por favor

by juanmanuelbenitez

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(Foto: David Ahnhtolz para The New York Times)

Por Juan Manuel Benítez, desde Austin y San Antonio, Texas

Paren el “momentum“: los votantes demócratas piden tiempo. Aún no están preparados para decidirse por un candidato.

Dicen que en la política, un día es una eternidad. Han pasado dos meses desde New Hampshire, y aquí me veo de nuevo, entonando un segundo mea culpa. Yo también me creí el mensaje creado por los medios, la percepción generada y retroalimentada por nosotros mismos, la idea de que el impulso generado por las once victorias consecutivas de Barack Obama provocarían la inmediata retirada de Hillary Clinton este 4 de marzo. “No podrá ganar los dos, Texas y Ohio”, repetíamos todos como papagayos en este negocio en el que los títulos de periodista y analista lamentablemente se difuminan con demasiada frecuencia.

Lo hizo. Y en Columbus, cargada de ironía, la senadora de Nueva York dedicó sus sorprendentes victorías de Ohio, Texas -y aunque menos importante, Rhode Island- a todos aquéllos que en alguna ocasión se resistieron a ser descartados; a los que se levantaron tras tropezarse; y a los que trabajan duro y nunca desisten.

La del trabajo duro es una virtud indiscutible de la senadora, que hasta el último momento mantuvo la compostura, la sonrisa y la seguridad de la que aún se sabe capaz de la victoria. Rodeada de estrellas, como Eva Longoria, Melanie Griffith y Ted Danson, mantuvo una animada conversación televisada con numerosos votantes en el centro de convenciones de Austin el lunes por la noche. A ninguno se nos escapó que esa moribunda campaña que retrataban los periódicos los días anteriores había recuperado una vez más el aliento.

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No olvidemos, además, que sólo en Texas más de un millón y medio de votantes acudieron a los centros electorales durante las semanas anteriores a la fecha de comicios, aprovechando la oportunidad del conocido como “voto temprano”. Por tanto, cualquier análisis sobre qué último mensaje o táctica provocó uno u otro resultado queda descalificado.

El aviso es necesario porque, inmediatamente, los mismos comentaristas que la dieron por muerta han saltado con el argumento de que su lado más humano (mostrado en parodias de sí misma como ésta del sábado pasado) la catapultó a la victoria de este Super Martes – Segunda Edición. O sea, que ayer fueron las risas, como en enero fueron las lágrimas pre-New Hampshire las que renovaron su campaña.

Y no olvidemos el teléfono rojo. Sin ninguna prueba científica, muchos atribuyen la victoria al anuncio televisivo estrenado la semana pasada que bajo el título Niños asustaba a las mamás para que no dejaran el gobierno en manos de un joven senador sin experiencia.

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(Foto: Damon Winter/The New York Times)

Bueno, pues quizá no tenga tanta experiencia, pero tras perder tres contiendas de cuatro anoche (ganó Vermont) Barack Obama continúa liderando en número de delegados. Lo que no quiere decir mucho en estos momentos, ya que si las cosas siguen así, ninguno de los dos podrá alcanzar la barrera matemática de la victoria.

Frente al Edificio Municipal de San Antonio, Obama pronunció una versión más de su ya manido discurso de esperanza, decepcionado por ver cómo su impulso ganador se veía truncado. Lo más significativo de la noche fueron las cada vez más sorprendentes medidas de seguridad que le rodean, que incluyeron francotiradores apostados en los edificios vecinos y helicópteros sobrevolando la zona.

La noche también tuvo otro ganador, al otro lado del río: John McCain. El senador de Arizona finalmente rebasó la barrera de los 1191 delegados necesarios para reclamar indiscutiblemente la nominación republicana. Mike Huckabee se quedó sin el milagro que esperaba, y se retiró de la contienda no sin antes respaldar la candidatura de su compañero de partido.

Horas después llegaba el apoyo presidencial, del que fuera su contrincante a la nominación republicana en el 2000.

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Muchos se preguntan si la foto le ayuda o perjudica. Con los índices de popularidad de George W. Bush por los suelos, los demócratas ya han ido a enmarcarla, y la guardarán con mimo mientras pelean Clinton y Obama… una larga guerra interna que para los republicanos no tiene precio: les sale gratis.

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