Llorando a Patti

by José Simián

Por José Manuel Simián

Patti_solis Con vergüenza hemos leído parte de la tinta vertida sobre el despido de Patti Solis Doyle de la dirección de la campaña de Hillary Clinton. El hecho de que fuera "la primera latina al mando de una postulación presidencial" parece hacerle creer a miembros de la comunidad que su salida del puesto significa una especie de afrenta — una que significaría no sólo perder los votos en español, sino además una bofetada personal a los líderes y políticos hispanos. Digamos, desde ya, que eso equivale a decir (tal como sostuvo lúcidamente Maureen Dowd) que si Hillary Clinton no resulta ungida como la candidata demócrata ni gana en noviembre, se trataría de un fracaso de todas las mujeres y no sólo de la ciudadada HRC.

Los análisis a los que nos referimos han aparecido en lugares como El Diario, que en su editorial del martes sostuvo que Solis Doyle estaba siendo "el chivo expiatorio" de la reciente seguidilla de nueve derrotas de Clinton. Amén de eso, trajeron a colación la historia personal de Patti ("la hija de inmigrante mexicano que trabajó como conserje en Chicago"), para rematar el lloriqueo comparándola con un obrero afroamericano o latino, que en las fábricas es siempre "el último contratado y el primer despedido".

Digámoslo de una vez: ¿Qué tiene que ver que sea latina con que haya sido despedida? ¿Hasta cuándo esperamos que se proteja a las personas por el solo hecho de pertenecer al bando de los débiles? Por si al Diario (o al senador estatal Rubén Díaz padre, del Bronx, y el asambleísta de Queens José Peralta, que también soltaron lamentos) no les queda claro, esto es una campaña política. Aquí, el que no sirve, se va, y muchas veces es necesario despedir a alguien aunque no sea suya toda la culpa (y, sí, Díaz y Peralta tienen razón en que Bill aportó de su cosecha). El punto es que Solis no fue despedida por ser latina, sino porque algo hizo mal si la que era la candidata favorita está perdiendo frente al "poco experimentado" de Barack Obama.

Y también, aparte de los fríos pero indesmentibles resultados electorales, si le creemos a quienes conocen los confines de Hillaryland, Solis Doyle (quien se hacía llamar "la abeja reina"; decía que cuando hablabla ella, "hablaba Hillary"; y era famosa por mirar telenovelas de mediodía en su oficina) tiene razones más que suficientes para explicarse su fracaso, principalmente un pésimo manejo de fondos. Además, si, como se nos sugiere, la historia de Patti cuaja tan bien en los clichés del inmigrante esforzado y pudo llegar de la nada a las altas esferas de la política, la fortaleza para recomponerse le sobrará.

Señores del Diario, señores Díaz y Peralta: comparar a profesionales exitosos como Solis Doyle con obreros, o intentar exculparlos de fracasos evidentes (y habituales en política) no hará otra cosa que seguir poniendo eternamente a los latinos en la posición del débil, el que necesita ayuda para surgir.  No sé hasta cuándo vamos a insistir con la torpeza del mito del latino monolítico, ni tampoco se me ocurre otro favor más flaco que hacerle a esa enorme diversidad de personas que marcamos "hispano" en los formularios — además de faltarle, de pasada, el respeto a quienes en verdad se ganan la vida como obreros.

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