Adiós, papá

by juanmanuelbenitez

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Por Juan Manuel Benítez

“Yo amo a mi papá”, me decía Craig Romney en Miami en diciembre pasado, tras el debate de candidatos presidenciales republicanos de Univisión. Con su acento chileno, labrado en sus dos años de misión mormona en Santiago de Chile, el joven de 26 años fue durante meses el mejor defensor de Mitt Romney en español.

De poco le valió a Mitt Romney el amor incondicional de Craig, de sus otros cuatro hijos varones y de su abnegada esposa. Los portarretratos de la Casa Blanca no llevarán la foto de esta familia perfecta que no logró hacerse un hueco en el corazoncito del votante republicano.

El ex-gobernador de Massachusetts suspendió su campaña presidencial ayer jueves, con el objetivo de dejarle a John McCain vía libre hacia la nominación republicana. Ganó algunos estados el pasado Super Martes, pero se quedó muy corto en el conteo de delegados. Tras gastar decenas de millones de su fortuna personal, el empresario Romney decidió que la arriesgada inversión no estaba dando los beneficios esperados.

Con sus posturas moderadas este republicano gobernó durante cuatro años Massachusetts, uno de los estados más liberales del país. Pero sus ambiciones nacionales le obligaron a radicalizar su discurso, y pocos creyeron en su sinceridad. Romney pasó de defender el derecho de la mujer a la interrupción del embarazo, a prometer el acoso y derribo de Roe v. Wade (caso juidicial que abrió las puertas del aborto en Estados Unidos); de amigo de los indocumentados – que cuidaban su jardín hasta hace muy poquito – a deportador número uno; de continuista, a propulsor del cambio -“de postura”, ironizaba su contrincante McCain.

En su desesperado intento de embellecer su narrativa, declaró con orgullo haber visto a su padre marchar junto a Martin Luther King Jr. La escena nunca ocurrió, si bien nadie puso en duda el activismo pro-derechos civiles de George Romney, gobernador de Michigan en los sesenta y candidato por la nominación presidencial republicana en 1968.

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Mitt Romney se proclamó heredero directo de Ronald Reagan, lo que le valió los aplausos -y algunas lágrimas- de la audiencia conservadora que escuchó de primera mano su discurso de despedida. La misma audiencia que abucheaba minutos más tarde a John McCain, y que no se resigna a la idea de que el senador de Arizona obtenga la nominación republicana.

También emuló a John F. Kennedy -primer presidente católico de Estados Unidos- pronunciando un discurso sobre la fe destinado a disipar los temores que como mormón podría despertar su candidatura entre el electorado.

Romney no se retira, sino que suspende su campaña. Quiere conservar la influencia que sus cientos de delegados le darán en la convención de Minneapolis/St. Paul este verano. Ahora descansará unos meses; pero promete una última batalla.

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