Entre el hijo y la compañera

by José Simián

Por José Manuel Simián

Prida_pixelada_4 En su columna de este mes en el suplemento Viva New York del Daily News la asertiva Dolores Prida, además de calificar fraternalmente a Barack Obama de "café-con-leche",  resume de la siguiente forma el dilema al que se verán enfrentadas las latinas y afroamericanas de la generación del Baby Boom (post Segunda Guerra) que se animen a votar en las primarias demócratas del 5 de febrero: mientras el senador por Chicago es "como el niño dorado, el hijo por el cual nos rompimos los dedos para que llegara al tope de la montaña", Hillary Clinton es la realización del sueño que le vendieron de niñas, que las mujeres no tenían ningún espacio vedado.

Entonces, dice, "¿Deberemos rendirnos ante nuestros instintos maternales y darle los votos al niño dorado, para que logre lo que nosotras no pudimos? ¿O deberemos resistirnos a quedarnos sentadas tomando jugo de ciruelas y mirando catálogos de compras, sabiendo que sólo una mujer con una arruga o dos en la frente y callos en los pies sabe lo que es caminar una milla con los zapatos de taco de otra? Now, sisters and hermanas, what are you gonna do?".

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