¿El comienzo de una bonita amistad?

by juanmanuelbenitez

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Foto: Monica Almeida/The New York Times

Por Juan Manuel Benítez

Tras días despellejándose vivos, alimentando el fuego de una absurda polémica racial, Hillary Clinton y Barack Obama fumaron el martes por la noche la pipa de la paz ante las cámaras de MSNBC, en el enésimo debate de esta interminable temporada de primarias. Fue el mejor homenaje que le pudieron hacer en el aniversario de su nacimiento a Martin Luther King Jr., después de ensuciar su nombre para un dudoso beneficio político.

De sobra es conocida la capacidad de autodestrucción del partido demócrata, ejercida en más de una ocasión. Hillary y Obama firmaron la tregua una vez se dieron cuenta de que le estaban escribiendo al partido republicano el guión de la victoria de noviembre.

Con un John Edwards de mera comparsa -sufriendo la irónica discriminación de ser el único hombre blanco de la terna-, el senador de Illinois y la senadora de Nueva York se embarcaron en dos horas de amistosa conversación que dejó poco lugar para el desacuerdo.

Difícil era imponerse en un debate domesticado por la tregua; pero Hillary lo hizo, por error de su compañero. Preguntado por su más relevante debilidad, Obama reconoció, por mención del moderador, que no era bueno como jefe de operaciones. Según él, lo suyo es más la visión, rodearse de los mejores y conducirlos hacia el objetivo marcado. Hillary no dejó escapar la oportunidad, y se declaró capaz de cumplir con éxito ambas funciones.

Seguro que muchos espectadores pertenecientes al partido demócrata fantasearon esta noche con la fórmula Clinton/Obama: la primera mujer presidente y el primer afroamericano vicepresidente. Si la relación de ambos sale ilesa de este duro combate por la candidatura, podría ser una combinación posible. Eso sí, es difícil imaginar en Estados Unidos que el hombre blanco vaya a ser discriminado más allá de una simple noche.

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