Las lágrimas de la victoria

by juanmanuelbenitez

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Por Juan Manuel Benítez, desde New Hampshire

Dice que en New Hampshire fue capaz de encontrar su propia voz.

Los malos dirán que fue su voz afónica y entrecortada por un amago de llanto lo que la catapultó a una inesperada victoria la noche del martes; los buenos dirán que fue su voz libre de las ataduras de su consorte, una Hillary menos calculada, la que animó a los indecisos a imponerla sobre Obama.

Los reporteros que salivaban ante una Hillary derrotada se quedaron sin banquete. Las encuestas se equivocaron rotundamente, menospreciando la capacidad de recuperación que acompaña siempre al apellido Clinton. Obama tuvo que desempolvar su brillante discurso de derrota, mientras Hillary sonreía aliviada.

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Fue la noche de los regresos inesperados: el de Hillary y el de John McCain, humillado durante meses por la falta de fondos y la mala organización de su campaña. El senador de Arizona se volcó en lograr esta victoria con la esperanza de ganar impulso recaudador y mediático. No será fácil. Mitt Romney le aguarda con los bolsillos llenos y “dos medallas de plata” que le consolidan en un podium republicano sin claro favorito.

Los que pensaban que esta temprana campaña estaba decidida de antemano -una y otra vez, antes y después de Iowa- se equivocaron. Esto no ha hecho más que empezar. Abróchense los cinturones.

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