Boleto de ida

by José Simián

Cerrado

  Por José Manuel Simián

¿Quiénes somos los latinos? Más bien, ¿qué somos? ¿En qué posición del casillero de Nueva York caímos? Ésas son algunas de las preguntas que motivaron esta página, en un año en que el debate sobre la cuestión migratoria subió de decibeles y la prensa en español siguió más o menos donde mismo. Mientras todo eso sucedía, lágrimas de tinta se derramaban sobre el cierre de las dos principales librerías en español de Manhattan.

Las cortinas de Lectorum y Macondo, situadas en cuadras contiguas de la calle 14, se bajaron con apenas unas semanas de diferencia. “El barrio de Chelsea ya no es el eje de la comunidad hispana que fuera en el pasado", se dijo en su oportunidad para explicar la clausura. El cierre de Lectorum fue dramático, especialmente para el grupo de gente que entraba a la librería buscando respirar un poco de su cultura, aunque a veces sólo fuera acariciando los lomos de los textos. En la hora final, muchos intentaron salvar el espacio comprando apresurados, pero ya era tarde.

Sucelt

Y cuando ese año gris también bajaba sus cortinas, otra caída, a sólo metros de las librerías. Silenciosamente, sin que lo anticipara la prensa, la cafetería Sucelt dejó de vender sus empanadas, tamales, sandwiches y licuados. Ya no podremos entrar, con hambre y sed de frituras, curiosos del ánimo con que nos atenderían – de carnaval o de madre latina enojada.

Esa madre, sin embargo, tenía las cosas más claras que nadie. "No quiero servirle a los ricos; quiero servirle a los pobres, porque ellos nos mantuvieron aquí 31 años", fue la explicación  del cierre que dio la propietaria Jhenny Navarro; ésas eran las alternativas que le ofrecían la economía y las normas municipales neoyorquinas versión 2007.

Y los que llevamos unos pocos años aquí nos quedamos con el estómago vacío – una sensación parecida a la nostalgia – respecto de cosas que apenas logramos conocer, preguntándonos si la que cambia es la ciudad o somos nosotros.

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