Salvando la honra, perdiendo una guerra

by José Simián

Por José Manuel Simián

Hace mucho tiempo que la revista Rolling Stone dejó de ser un referente de la contracultura para transformarse en un producto comercial inofensivo. De sus ediciones más recientes, las interesantes no hacen sino sacarle brillo a su glorioso pasado y la generación para la que nació hace 40 años. En términos musicales, para saber lo que está pasando es más recomendable y barato visitar Pitchforkmedia o Idolator (que, de hecho, tiene una sección dedicada a burlarse de la timorata crítica musical de la revista de Jann Wenner).

Rollingzep_2 Sin embargo, la decana de la política pop a veces sorprende. En su reciente edición -que, predeciblemente, tenía en portada la reunión de Led Zeppelin- incluyó un artículo de Ben Wallace-Wells titulado "Cómo Estados Unidos perdió la Guerra a las Drogas", que viene a ordenar la casa y poner en su lugar a los esforzados jovencitos que cuentan con pocos recursos aparte de buen gusto musical y un computador.

La "guerra" iniciada por Nixon le ha costado a Estados Unidos miles de millones de dólares y le ha dado pocos frutos, sin importar el color político del inquilino de la Casa Blanca. Entre las falencias a las que apunta Wallace-Wells se cuentan el mezclar el combate a las drogas con el conflicto interno colombiano; intentar controlar la oferta en vez de la demanda (abarrotando las cárceles de pequeños traficantes y trasladando, de paso, la violencia a la frontera norte de México); y centrar los esfuerzos en la marihuana (incluyendo barridas contra quienes la usan con fines medicinales), mientras la metanfetamina se esparcía por el centro del país.

Dos citas de muestra:

"En la Guerra a las Drogas, los verdaderos radicales no son los defensores de su legalización, que predican con seriedad desde los márgenes del debate, sino los burócratas -los policías, los jueces y agentes federales, que se ven cada vez más obligados a aceptar que declarar ilegal un producto popular, y castigar a los que lo venden y usan, simplemente ha colapsado las capacidades del gobierno".

"Treinta y cinco años después de que Richard Nixon lanzara la Guerra a las Drogas, los programas más promisorios siguen siendo dejados de lado por el implacable énfasis que Washington pone en hacer cumplir la ley y mantener el orden. A la larga, la Guerra a las Drogas ha fracasado en gran medida por la naturaleza inflexible de su propia metáfora. Al principio, en los días de [Pablo] Escobar, se la dirigía desde una sala de comandos militar (…). Hoy, los esfuerzos del gobierno se parecen más a una guerra vista desde las trincheras, un esfuerzo sin descansos, en el cual la victoria no sólo parece imposible, sino, de alguna forma, secundaria".

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