A este lado del esnobismo

by José Simián

Por José Manuel Simián      

  

Snob El que escribe estas líneas ha recibido en su vida insultos varios. Como todo el mundo, supone. De los que ha escuchado directamente o de rebote – porque, recordemos, las mejores descalificaciones suelen perderse en el vacío o en oídos que no son los de la víctima – debe reconocer que algunos tuvieron que ver con cierta tendencia a la soberbia. 

 

Nunca, sin embargo, ni en sus peores pesadillas, se imaginó que si se viniera a vivir a Nueva York lo tildarían de esnob

 

Esnob, del inglés snob, para algunos de origen desconocido, mientras otros afirman que es una abreviación de la frase latina sine nobilitate, sin nobleza, ocupada primero para agrupar a los que no pertenecían al grupo de los elegidos, y luego incorporando a los arribistas que copiaban las maneras de los afortunados. (Para esto último, recuerda el suscrito, en su país existe una palabra más específica: “siútico”, supuestamente de la pretensión exhibida al vestirse con un suit como los inmigrantes ingleses). Superado el punto anterior, la palabra – que huele mal, por donde se la mire – ha tomado otra ruta. Un insulto del despreciado hacia el que menosprecia, es decir, cogiendo al toro por las astas. 

 

Es en la última versión que este servidor ha escuchado la voz en medios periodísticos de Nueva York donde se labora en español. ¿Esnob? ¿En la urbe de la competencia salvaje? ¿Por asuntos meramente profesionales? ¿Por interesarse en la lectura? ¿En la ciudad de Woody Allen, de Seinfeld, de Lou Reed, de American Psycho? Qué habré hecho, se pregunta el ofendido. 

 

Luego, tras pensárselo un segundo, respira aliviado, recordando que todos íbamos a ser esnobs

 

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