Política Pop

The pentatonic scale is a political weapon.

Month: August, 2008

No digas que fue un sueño

by juanmanuelbenitez

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Damon Winter/The New York Times

Por Juan Manuel Benítez

Estoy cansado. Se me cierran los ojos. Acabo de terminar un reportaje para el fin de semana y estoy deseando que pase ya este último día de la Convención Demócrata. He llegado al Estadio Invesco en coche, tras pasar un par de controles de seguridad. Hemos visto filas larguísimas de personas esperando entrar. El sol pica, y a muchos de ellos les va a tomar horas. También hay junto al párking las tiendas de campaña que tiene instaladas el ejército, y un montón de ambulancias de los servicios de emergencia. Entro en el estadio y está medio lleno. Hay un grupo que no conozco tocando en el escenario. Son alrededor de las cuatro de la tarde del jueves. Obama habla como a las ocho.

Sobre una tarima para prensa, nos apretujamos un montón de reporteros, camarógrafos, productores, fotógrafos y presentadores.

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Vanessa Yurkevich

A mí ya no me sorprende cruzarme de vez en cuando a los grandes periodistas de la televisión de Estados Unidos. Pero esta vez es algo diferente. Están todos -incluidas las leyendas- en un espacio reducido: Anderson Cooper (distraído), Brian Williams (corriendo para entrar en directo), Tom Brokaw (espantándose moscones)… De hecho, he estado a punto de acercarme a mis ídolos Ted Koppel y Gwen Ifill para decirles cuánto les admiro; y que gracias a tipos como ellos me mantengo en esta loca profesión, alimentando cada día a la bestia informativa de 24 horas. No me he atrevido. Seguro que están ocupados como para que me ponga yo a molestarlos con mis tonterías. Eso sí, Judy Woodruff me ha sonreído cuando me he quedado con la mirada perdida, los ojos sobre ella a dos metros de mí, mientras memorizo el texto del directo que me dispongo a hacer. También me ha pasado por el lado John Legend. Es menudito. Ha cantado el Yes We Can hace un rato. En frente, un montón de cámaras como mariposas revoloteando alrededor de Susan Sarandon. Está en una de las gradas de abajo. Luego Stevie Wonder canta un par de canciones (una de ellas, el Signed. Sealed. Delivered., himno de la campaña Obama). Dos amigos se han acercado a hacerse una foto conmigo. Todavía es de día.

Como todos mis compañeros, llevo todo el día repitiendo que se trata de un día histórico, justo 45 años después de que Martin Luther King Jr. dijera aquello de I have a dream that my four little children will one day live in a nation where they will not be judged by the color of their skin but by the content of their character (Sueño con el día en que mis cuatro hijos vivan en una nación en la que serán juzgados no por el color de su piel sino por el contenido de su persona). Me acuerdo que tengo un póster color sepia con el discurso I Have a Dream guardado en un armario. Lo tengo que sacar. Lo compré hace años en Harlem, y durante mucho tiempo fue lo único en las paredes de mi cuarto de mi antiguo apartamento de la calle 108.

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¿Qué pensaría hoy el Reverendo King de Barack Obama?, le pregunta a Jesse Jackson un compañero de NY1. Cory Booker está emocionado con todo el espectáculo y se atreve a contestarme unas cuantas preguntas en español. No lo habla tan mal. Todo esto le toca de cerca. Él también es joven, negro de tez clara, críado en un barrio blanco, con título de Universidad prestigiosa, y luchando contracorriente al frente de la Alcaldía del desastroso Newark.

Habla Richardson, habla Gore. Todo va pasando muy rápido. El estadio ya está lleno. La Associated Press dice que hay 84.000 personas. Is it as amazing as it looks on TV? (¿Es tan tremendo como se ve en la tele?), me pregunta mi amigo Peter en un mensaje de texto desde Nueva York. "Incluso más", le contesto.

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Me llega una copia del discurso. Lo leo en mi blackberry. Es larguito. Voy buscando las citas más atractivas, por si tengo que hablar de ellas en el próximo directo. Se ha hecho de noche. Sale Obama. El estadio se pone en pie. Otro discurso.

Todavía me acuerdo del día en que le asalté para arrancarle dos respuestas de ésas que nos sirven para lanzar a la bestia informativa de 24 horas. Fue en Boston, hace ahora cuatro años, horas antes de que pronunciara aquel discurso que lo lanzó a la fama. Gracias a que unos días antes había leído un artículo de The Economist, pude reconocer a aquel alto y simpático senador estatal de Illinois. No tuve que competir con otros reporteros para acaparar su atención (tiempos aquellos…): nadie sabía muy bien quién era aquel tipo de nombre raro. Ni mis jefes, que me miraron con indiferencia cuando les comenté ilusionado a quién había entrevistado. Al día siguiente las portadas de los periódicos lo ensalzaban como el próximo presidente de los Estados Unidos. Exageraciones, decía yo, cuando desde Nueva York mi compañera Adriana Hauser me preguntaba, vía satélite, si los titulares podían cumplirse.

Empiezo a prestar atención. Le faltan dos páginas para terminar, según la copia que me pasan. La gente está emocionada. No paran de aplaudir y corear consignas como Yes we can. Hay tanto ruido, que casi no se escuchan sus últimas palabras. De repente veo por las pantallas a su mujer y a sus hijas uniéndose a él en el escenario. Y ahí me doy cuenta de que no exagerábamos: ¿una familia negra tan cerca de la Casa Blanca? Y sale Biden, de número dos. ¡El hombre blanco canoso, de segundón del negro!

No fue un sueño, créanme. Yo estuve allí.

La experiencia es una cosa relativa

by José Simián

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Por José Manuel Simián

A poco más de un día de la audaz decisión de John McCain de elegir de compañera de fórmula a una gobernadora que, con menos de dos años en el cargo y considerando que Alaska entrega tres votos electorales, no estaba en los planes de nadie, tenemos el gusto de reproducir algunas de las reacciones.

Gail Collins, en el New York Times:

Es posible que alguna gente piense que John McCain escogió a Sarah Palin para ser su candidata a vicepresidenta porque es mujer. Sé que les puede parecer impactante, pero juro que lo he oído por ahí.

McCain no cree en intentar ganarse ciertos grupos apelando a su identidad. Estaba buscando a alguien que estuviera bien preparado para combatir al extremismo musulmán internacional, el tema más trascendente de nuestros días. Y al final, pensando a conciencia, decidió que no iba a inclinarse por nadie que no hubiese dirigido a la guardia nacional de un estado por a lo menos año y medio. ¡Se hizo respetar!

La decisión obvia era Palin, gobernadora de Alaska, estado cuya guardia se erige como nuestra mejor defensa contra un posible ataque de la resurgente amenaza rusa a través del Estrecho de Bering.

Y también es mujer, pero eso no tiene relevancia alguna.

En el Daily Show, Jon Stewart recogió la reacción de los siempre ponderados comentaristas de Fox News, uno de los cuales afirmó con toda seriedad que Palin tenía experiencia en política internacional porque Alaska estaba, precisamente, cerca de Rusia. (Y no perderse la entrevista en que Palin dijo, antes de ser ungida, que no sabía muy bien qué es lo que hace un vicepresidente).

Mirad:

A mí el hecho de que hasta hace unos días McCain acusara a Obama de no tener la experiencia suficiente para ser presidente me recuerda a un sketch de televisión famoso en mi tierra: "¿Inexperimentada tú, Sarah? No, no como tú, claro, si yo estaba hablando de los otros inexperimentados, los otros…".

El sueño de Navia

by José Simián

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Por José Manuel Simián

Lo más lúcido que he leído hasta ahora sobre el discurso de Barack Obama anoche en Denver lo escribió Patricio Navia.

Las palabras del demócrata calaron hondo en la idea de país que atrajo a sus padres a vivir en Estados Unidos; una idea que, por mucho que a veces parezca material de broma, sigue respirando.

Cuando Obama hablaba, pensé en mi padre y en mi madre que recién
llegados a Chicago y sin saber inglés salían a trabajar todas las
mañanas con el entusiasmo de saber que se puede empezar una nueva vida
y que si se trabaja arduamente, se abrirán las oportunidades. Cuando
Obama hablaba de la educación, pensé en mi hermano chico Benjamín, que
todas las mañanas iba conmigo a tomar el bus amarillo que nos llevaba
al high school y en su cara de sorpresa, susto y risa, cuando nuestros
compañeros de bus dejaban en claro las diferencias culturales y
sociales. Cuando Obama habló de la familia, pensé en mis cinco
sobrinos, nacidos todos en Estados Unidos. Sus historias no son tan
distintas a la de Obama. Cualquiera podría llegar a presidente de
Estados Unidos. Pero mejor aún, todos podrán gozar del derecho a la
vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Texto completo, en Referente.

Paso al frente

by José Simián

Por José Manuel Simián

Si todavía no ha escuchado el discurso de aceptación de nominación presidencial de Barack Obama, aquí está. (Ojo con cuando parafrasea a Caín, con eso de "I am my brother’s keeper!").

Y entre tanta ceremonia y coreografía que nos entregó la Convención Demócrata, pocas cosas me hicieron reír estos días como esta historia de The Onion: "Obama modifica su eslogan ‘Yes We Can’ para excluir a perdedor local":

COLUMBIA, SC—En un discurso televisado a toda la nación el viernes, el candidato presidencial demócrata Barack Obama alteró su visión de un Estados Unidos unificado para excluir al perdedor de Dayton, OH, Nate Walsh.

Según Obama, el hombre de 32 años, que ha residido alternativamente con sus padres desde que recibió su título de medio-bachillerato en 2001 y todavía no tiene una tarjeta de crédito a su nombre, ya no figura en el plan de largo plazo que el senador tiene para unir a los estadounidenses de todos los estratos en torno a un ideal superior.

"Gente de Carolina del Sur, gente del mundo, éste es nuestro momento, éste es nuestro momento", dijo Obama ante 72.000 partidarios en el Estadio de la Universidad Williams Brice. "Todo ello, a menos que vivan en el departamento 3L de la calle Holden 1254, hayan visto televisión anoche a las 3 a.m. y su nombre sea Nate Walsh".

(Historia completa en The Onion).

Noticias de papel #6: el mito del voto hispano

by José Simián

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Por José Manuel Simián

Le preocupaba esta mañana a Jorge Ramos la razon de que los políticos quieran tanto a los hispanos en este año electoral. A no desanimar, empero, que, como es habitual, tiene sencillas respuestas:

Pero ¿por qué, de pronto, nos quieren tanto? La respuesta es muy sencilla. En una elección presidencial tan cerrada, como la que tendremos en Estados Unidos, serán los 9 ó 10 millones de votantes latinos los que decidirán quién es el ganador de la Casa Blanca.

Solo uno de cada 10 votantes que irán a las urnas el martes 4 de noviembre es hispano. Pero su importancia radica en que los votantes latinos están concentrados en estados que pudieran decidir la elección.

Un poquito de historia: La elección presidencial del 2000 fue decidida por 537 votantes cubanoamericanos en Florida. Y la elección presidencial del 2004 fue decidida por 67,000 hispanos (en su mayoría de origen mexicano) en Nuevo México, Colorado y Nevada que votaron por George W. Bush y no por John Kerry.

La lección está a la vista: el voto hispano decide elecciones.

Perdón, pero no entiendo. ¿Cómo sabe Ramos que esos 537 votos que decidieron el estado de Florida y, con ello, la elección de 2000, eran de cubanoamericanos? ¿No era el voto secreto? Seguro que Ramos habla en hipérbole, pero el argumento es más bien delgado: el censo de 2000 indicó que la población hispana de Florida ascendía a un 16.8%. Dando por descontado que los votos son anónimos y fungibles entre sí, hay razones para decir con mucha más seriedad que la elección fue decidida por otros grupos raciales. ¿Cuáles, se preguntará usted? Pues quizás los blancos, por nombrar a uno.

En todo caso, suponiendo que el colega hablase en serio y que pudiéramos identificar a los 537 desprevenidos que decidieron la elección, me imagino que no querrá felicitarlos por ser los responsables de iniciar la era Bush.

Pero me desvío. Lo que más me preocupa es otra cosa. ¿Asume Ramos que todos los hispanos votan igual? ¿Qué pasa si la mitad es republicana y la otra demócrata?

Dejando todo sarcasmo de lado, no soy el único al que la tontera del hispano monolítico saca de quicio.

 

El argumento de McCain

by José Simián

Por José Manuel Simián

John McCain lo hizo de nuevo. Anoche sacó a relucir otra vez su calidad de ex prisionero de guerra para defenderse de una acusación de campaña que nada tenía que ver con ello.

Cuando Jay Leno bromeó con el incidente en que el candidato republicano no supo contestar cuántas casas tiene, éste respondió:

"Permíteme decirte, Jay —poniéndonos serios— que pasé cinco años y medio en una celda de prisión. No tenía una casa, no tenía una mesa de cocina, no tenía una mesa, no tenía una silla. Y no pasé ahí esos años porque quisiera tener una casa cuando saliera".

Recordemos que, la semana pasada, la campaña de McCain invocó su historia de Vietnam como prueba de su estatura moral, cuando se descubrió que el senador no había estado aislado mientras se le hacían a Obama las mismas preguntas que él debería responder después. La denuncia resultó cierta.

A este paso, puede que McCain logre lo imposible: que la calidad de héroe de guerra se transforme —¡en Estados Unidos!— en una broma de mal gusto.

Video:

¿Humilde, hombre de familia o calzonazos?

by José Simián

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Por José Manuel Simián

Estamos de acuerdo: el discurso de Michelle Obama anoche en la Convención Demócrata fue inteligente y emocionante. Pero, ¿no será mucho, Barack? ¿El mejor discurso de la campaña? ¿Mejor que tu discurso en la convención de 2004? No te hagas.

Te lo dice un hombre felizmente casado.

Cariños,

J.

From: Barack Obama <info@barackobama.com>
Date: Tue, Aug 26, 2008 at 1:16 PM
Subject: Did you see Michelle?
To: Jose Simian <xxxxxxxxxxxx>

Jose –

  I am so lucky to be married to the woman who delivered that speech last night.

Michelle was electrifying, inspiring, and absolutely magnificent. I get a lot of credit for the speech I gave at the 2004 convention — but I think she may have me beat.

  You have to see it to believe it.

  And make sure to forward this email to your friends and family — they’ll want to see it, too.

 

  You really don’t want to miss this.

  And I’m not just saying that because she’s my wife — I truly believe it was the best speech of the campaign so far.

  Barack

La bestia de Denver

by juanmanuelbenitez

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Por Juan Manuel Benítez

Ya me lo preguntaba yo en 2004 en Boston: ¿quién nos dice a nosotros que usted no ha cambiado ya de canal? Cuatro años más tarde, la bestia del ciclo informativo de 24 horas al día ha crecido aún más, alimentada por frenéticos trazos pseudo-noticiosos de cuestionable valía. Y cuando las noticias no existen, uno se las inventa. O agarra a los Clinton, que siempre dan mucho juego. Como aquí en Denver.

Porque es verdad que a Hillary no le hace ninguna gracia el haber perdido las primarias; y que muchos de sus seguidores aún no han superado la derrota; y que todavía no sabemos -ni nosotros, ni los jefazos del Partido Demócrata- cómo van a solucionar esa ceremonia simbólica del miércoles que finalmente libere a los delegados de la senadora para poder saltar al bando Obama.

Pero me resisto a pensar -al igual Simián- que Denver no ofrece más y mejores historias para contar. Otra cosa es que tengamos los recursos para encontrarlas y reproducirlas. Las condiciones de trabajo son extremas y el acceso, en muchos casos, limitado. El Centro de Convenciones Pepsi es una fortaleza sitiada, con lejanos y laboriosos puntos de control que ralentizan el flujo de personas y también el de información. Y el obligado goteo que requiere un canal de 24 horas de noticias hace imposible la concentración necesaria para realizar un trabajo periodístico de profundidad.

Los medios de comunicación son un simple reflejo de esta sociedad de la información, en la que contamos con la tecnología para decir mucho, aunque a la hora de la verdad no estemos diciendo nada.

¿Quién dijo Cantinflas?

by José Simián

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Por José Manuel Simián

Este post se escribe solo.

Ayer John McCain sorprendió a unas escolares de Phoenix con la aparición de Daddy Yankee. De todo el episodio, quizás lo que más me gusta es la presentación que – cual animador de estelar televisivo – hace el candidato de su "amigo especial". Mirando sus tarjetones, McCain repasa la biografía supuestamente conservadora de este hombre que se hizo famoso cantando que a una tipa le gustaba la gasolina. Y tampoco puedo dejar pasar la oportunidad de hacer notar que Daddy Yankee no miente cuando dice que es "a man on a few words" (sic). Al menos ha aprendido que, en política, a veces la falta de ideas no es problema para buscar votos.

La gran pregunta, claro, es si Daddy Yankee habrá crecido mirando a Cantinflas.

John McCain:

Hoy he traído conmigo a un amigo especial. Una gran historia de éxito estadounidense. Como saben, él es de Puerto Rico. Ha estado casado 15 años. Tiene hijos de 14, 12 y 10 años. Y una de sus canciones más famosas – que sé, ustedes conocen muy bien – es "Gasolina"… Bueno, eso significa… Aquí está: ¡Daddy Yankee!

Daddy Yankee:

Buenos días. Es una gran honor estar aquí esta hermosa mañana con todos los que están aquí, una escuela muy especial. Es un gran placer estar con ustedes. ¿Ok? ¡Hola que tal!

[Abraza y besa a las estudiantes]

Oh, dios. Bueno, yo también estoy muy emocionado. Como decía, es un gran placer estar aquí esta mañana, que me hayan invitado. Gracias, senador McCain. Y estoy aquí apoyando al senador McCain porque creo en sus ideales, en sus propuestas para esta nación, ¿saben? Y, como dije antes, él ha sido un luchador por la comunidad hispana, y sé que yo, personalmente, lo elegí como el mejor candidato, porque ha sido un luchador por el tema de la inmigración. Así que, para mí, es el mejor tipo para liderar esta nación y, nuevamente, quiero decirle gracias a todos por el apoyo que me han dado durante toda mi carrera, y es un gran honor compartir esta hermosa mañana con todos. Soy un hombre de pocas palabras, pero con mucha acción, como siempre he dicho. Senador McCain, un placer.

Video:

Cantinflas:

Por qué Biden: ahora sí, hablemos de narrativa

by José Simián

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Por José Manuel Simián

No bien se hubo anunciado la elección de Joe Biden como compañero de fórmula de Barack Obama a la vicepresidencia, comenzaron a aparecer las críticas no-republicanas a la decisión. Porque la de Obama-Biden es una alianza poderosa para las elecciones de noviembre, y una excelente dupla para gobernar el país, vale la pena refutar a los escépticos.

Una vertiente de las críticas a Biden —articulada convincentemente por nuestro amigo Patricio Navia— se centra en la idea de que el mayor aporte del senador por Delaware reside en su experiencia internacional, lo que sería inútil en una elección de presidente, necesariamente centrada en temas nacionales. Este año, ello sería aún más urgente debido a la situación económica. En conexión con ello, se sostiene que lo que Obama necesitaba era más bien alguien que lo apoyara a la hora de administrar el gobierno federal, para lo cual debió escoger a un gobernador y no a un senador. (En referencia a la calidad de senador de Obama, Chris Canavan sostuvo hoy en El Diario —vaya uno a saber por qué— que "para muchos americanos, la sabiduría del senador es igual a la sagacidad de la prostituta o el Sodomita").

El análisis de Navia concluye augurando que, ahora con el tiempo a su favor, McCain "entenderá que la política es una cuestión local" y escogerá a un gobernador para beneficiarse de ello.

Otra supuesta debilidad que Biden abre como integrante de la fórmula demócrata es una estrictamente estratégica: ocupar el puesto de vicepresidente en una figura de un estado pequeño e indudablemente demócrata como Delaware sería un desperdicio de la posibilidad de asegurar los votos electorales de un estado indeciso, o incluso tradicionalmente republicano.

Un tercer flanco de críticas se centra en la explosiva lengua de Biden (ahí está esa vez que dijo que Obama era "el [primer candidato presidencial] afroamericano que habla elocuentemente, es brillante y limpio y de buen ver"). Biden sería un accidente en potencia.

El cuarto argumento se refiere a la calidad de Biden de miembro del establishment de Washington. A pesar de haber sido considerado en 2006 el integrante más pobre del Senado por una entidad independiente, se dice que "un hombre que lleva 36 años en el Senado difícilmente podrá presentarse como cercano al americano medio". En este sentido hay que mencionar —aunque es difícil que este argumento sea esgrimido por los republicanos— que en 2005 Biden votó a favor de una polémica ley que hizo más difícil que los estadounidenses se declararan en quiebra.

Un quinto argumento —utilizado, éste sí, sin vergüenza alguna por analistas conservadores— es que ya que Biden es uno de los senadores que más tiempo lleva en el cargo, su presencia debilitaría el mensaje de "cambio" de Obama.

Finalmente, desde una perspectiva aún más amplia, a otros —como Matt Bai, hoy en el New York Times— les preocupa que la elección de Biden haya sido realizada para eliminar la reticencia de algunos electores a votar por un candidato negro. Si así fuera, "las profecías oscuras sobre los prejuicios [de los votantes] podrían autocumplirse": el plantear la contienda pensando en que una gran parte de los votantes son racistas o "ignorantes" causaría distanciamiento por parte de quienes puedan sentirse atacados por tales declaraciones.

El argumento principal para rebatir todas estas críticas es uno solo, y puede parecer más bien liviano.

Convengamos en que hablamos del efecto que Joe Biden como candidato a vicepresidente puede tener en los votantes indecisos o que podrían cambiar su preferencia de aquí al 4 de noviembre. El primero de los grupos asciende, según las encuestas más importantes, hasta el 15%.

¿Realmente creemos que ese votante indeciso, que tras este intenso año electoral, viviendo en este país hiperpolitizado, no se alinea con un partido o no se ha formado una opinión sobre Obama o McCain, estaba esperando que se le diera una señal de gobernabilidad "administrativa"?

Lo dudo.

Desde que Barack Obama se convirtió en el virtual nominado demócrata a la presidencia, los principales problemas que ha presentado frente a los electores han sido que consideran que no tiene la suficiente experiencia para ser presidente, y que "no se sabe quién es", un argumento que suele ser un eufemismo para prejuicios raciales o simple temor ante la peculiar biografía del demócrata.

Ahí es cuando entra en juego tener a alguien como Biden al lado. Desde la más absoluta superficialidad, los dos sencillamente se ven muy bien juntos (y en el mundo en que vivimos, toda elección tiene un importante componente visual, a veces incluso más importante que el meramente racional). Biden le aporta a Obama bastante más que su experiencia internacional o su conocimiento del funcionamiento del Capitolio.

Mucho se ha abusado de la palabra narrativa en ese año electoral (malentendiéndola como contar una historia), pero nunca ha tenido más importancia que ahora. El verdadero poder de este concepto no reside en articular los hechos más brillantes de la vida de un candidato en un relato de dificultades que terminan resolviéndose de cara a la elección (i.e.: con su voto, llegaremos al final feliz); se trata de la visión del mundo que resulta de conectar los eventos de la vida real con los mitos, en este caso, la gran idea que inspiró los Estados Unidos.

La historia de triunfos y tragedias de Biden —la caída económica de su padre, su temprana elección al Senado, un terrible accidente familiar, su plagio de un discurso en una carrera presidencial— encaja perfectamente con la versión más convencional del mito estadounidense: Biden es un guerrero, que ha caído para volver a levantarse. Por otra parte, que sea blanco y un respetado legislador de Washington le tiende a Obama un puente hacia la tradición de poder del país.

Por mucho que queramos hacer de ésta la primera elección post-racial de Estados Unidos, lo cierto es que el tener a un tipo que forma —y se ve como— parte de la vieja guardia, es esencial para el éxito de Obama. Y si bien su experiencia internacional puede no ser lo que más le urgía al senador por Illlinois, contribuye a debilitar la percepción de que éste no tiene la preparación suficiente para hacerse cargo de Washington. Además, por mucho que la experiencia senatorial de Biden no sea tan "admninistrativa" como se desearía, sí es mucho más práctica que la adquirida hasta ahora por Obama; le sirve a éste para bajar de la academia a la tierra.

El resto de los argumentos contra Biden —su lengua incontinente, el no acarrear votos electorales, la debilitación de la idea de cambio, etc.— tienen otros agujeros y palidecen frente a la apuesta hecha por Obama al elegir a Biden: la energía de la vieja y la nueva guardia, un supuesto outsider y un claro insider, un afroamericano y un blanco, avanzando juntos.

Biden perfectamente puede cuidar lo que dice en los próximos tres meses, y muchos ven su (peligrosa) sinceridad como un atributo, que se verá amplificado por su talento como orador. Lo de haberse acompañado de un candidato cuyo principal mérito era la posibilidad de acarrear un estado indeciso sí que habría sido una contradicción de fondo con el mensaje de cambio de Obama. Y, como ya he dicho, las preocupaciones sobre haber considerado la raza blanca de Biden como elemento de la decisión me parecen fútiles: no reeconocer que para muchos estadounidenses el color de Obama es un problema es querer tapar el sol con un dedo. Como sugería esta mañana Paul Krugman en el New York Times, la política es un negocio sucio, get over it.

Finalmente, entre los candidatos que se nombran como integrantes de la "lista corta" de McCain no se ve ninguno que pueda conformar una alianza más atractiva que la de los demócratas. Si fuera republicano, a menos que mi partido tuviera un as bajo la manga, estaría aún más preocupado que cuando las encuestas le daban una ventaja a Obama.

Con Biden, la gran narrativa estadounidense está, por ahora, del lado de los demócratas.

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